cap. -9~t3~

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🥀.- "volví reinas y Reyes me extrañaron, déjenme decirles que yo a ustedes si 💞"

🥀.-"extrañaba compartirles mi sufrimiento así que disfruten esta cap lleno de drama (si se preguntan qué hago publicando un día Lunes..... Me estoy poniendo al día 🥲"

A lo lejos vio a aquella castaña de ojos verdes sentada en una esquina del Edén mirando a la nada. Como si su mirada buscará el regresó de alguien que al parecer ya no iba a volver; las lágrimas resbalaban por sus mejillas, marcando la horrible sensación de decepción.

El joven confundido extendió su mano hacia unos jazmines, tomandolos y llevándolos hacia la ojiverde; esta primero dirigió su triste mirada hacia el ramo de flores y después levantó la vista hacia quien se los entregaba.

-estas bien?....Eva?-.

La nombrada giro su cabeza ignorando la preocupación de su "pareja" por ella; con un suspiro hundió la cabeza entre sus piernas mientras se escuchaba otro sollozo de su suave voz.

Adán se arrodilló frente a ella, dejando los jazmines sobre la hierba suave del Edén. El viento movía levemente los pétalos, y el perfume dulce de las flores parecía contrastar con el aire denso de tristeza que rodeaba a Eva.

-Eva… -susurró con voz temblorosa, intentando mirarla a los ojos-dime qué pasa. ¿Quién… quién te hizo llorar así?-.

Ella no respondió. Sus dedos jugaban con la hierba, arrancando algunas hebras verdes como si buscara en ellas la calma que su alma no encontraba. El reflejo del lago cercano dibujaba destellos sobre su piel, y por un momento, Adán pensó que nunca la había visto tan frágil.

-No tienes que guardártelo todo -continuó él, con tono más suave-Puedes hablar conmigo, ¿sí? No me gusta verte así…-.

Eva alzó la mirada lentamente. Sus ojos, verdes y cristalinos, parecían dos espejos llenos de heridas. Trató de sonreír, pero la mueca se rompió antes de nacer.

-Hay ausencias, Adán… -murmuró apenas, con la voz hecha trizas- Que duelen más que cualquier castigo-.

El joven la observó en silencio, sin saber qué decir. Nunca la había escuchado hablar con tanta tristeza. Ella parecía mirar más allá de todo, hacia un punto invisible, perdido entre las luces del Edén.

-¿Se fue alguien importante? -preguntó con cautela.

Eva soltó una risa suave, apagada, que se mezcló con un sollozo.
-Importante… -repitió-. No sé si esa palabra sea suficiente-.

El silencio volvió a caer. Adán pensó en abrazarla, pero algo en la manera en que ella se sostenía a sí misma —tan rota, pero tan digna— lo detuvo.
Solo se quedó allí, a su lado, dejando que el tiempo pasara.

El cielo del Edén comenzaba a tornarse dorado, y las nubes rosadas se reflejaban en las lágrimas de Eva. A pesar de no entender su dolor, Adán sintió algo nuevo en su pecho: una inquietud profunda, un presentimiento que no podía explicar.

El Angel PrometidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora