Desde la caída de un angel rebelde, varios serés divinos tuvieron que pagar la condena del trato entre Dios y el rey infernal, para mantener el tratado de paz un angel tendrá que derramar sangre sobre las manos del rey y si quiere vivir tendrá que c...
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Lucifer tragó saliva, su rostro se había empalidecido al instante. La figura de Alastor llenaba el umbral de la puerta, alta, imponente... pero lo que helaba la sangre no era su tamaño, sino la ausencia total de su característica sonrisa.
Los ojos negros, profundos como un abismo sin fin, no se apartaban de Atticus. El silencio era tan espeso que parecía ahogar.
-¿...embarazado? -su voz salió grave, ronca, como si cada sílaba pesara toneladas-.
Atticus retrocedió instintivamente, tropezando con la cama, incapaz de sostenerle la mirada. Sus labios temblaban, pero ningún sonido escapaba de ellos.
Lucifer dio un paso al frente, levantando la mano como para calmar una bestia a punto de atacar.
-Alastor, escucha, yo... no es lo que piensas, él... él está confundido, todavía podemos...-.
-¿Confundido? -interrumpió el rey con un tono que helaba-. ¿Así lo llamas, Lucifer? ¿Confusión?-.
La penumbra de la habitación pareció hacerse más densa, como si respondiera a la furia contenida de Alastor. Dio un paso dentro, y con cada movimiento la madera del suelo crujía, como si incluso la casa temiera quebrarse bajo su peso.
-Padre, yo... -balbuceó Atticus con lágrimas rodándole-Yo no quise...-.
-¡CIERRA LA BOCA! -bramó Alastor, y el eco de su voz hizo temblar los ventanales-.
Lucifer se interpuso de golpe, extendiendo ambos brazos.
-¡Alastor, basta! ¡Es tu hijo! ¡Nuestro hijo!-.
Pero los ojos abismales del rey no se apartaron de Atticus.
-¿Nuestro hijo...? -repitió con un retintín venenoso, la sonrisa más cruel apenas asomando en sus labios-¿Ese es el heredero al que debía confiarle mi corona? ¿El que se supone debe gobernar después de mí?-.
-no te atrevas-.
Ordeno Lucifer aún pasmado por tan repentino impulso violento de su esposo.
El silencio de Atticus fue su sentencia. Sus sollozos se mezclaban con la respiración pesada que lo ahogaba.
Alastor apretó los puños, sus uñas negras marcando la palma de su mano.
-Un heredero... incapaz de sostenerse de pie, incapaz de pensar con la cabeza y no con la entrepierna... -su voz bajó, más peligrosa que un grito- ¡Has deshonrado el nombre Morningstar-Brown, Atticus!-.
Lucifer, con lágrimas ya en los ojos, lo sujetó del brazo con fuerza.
-¡No lo destruyas así! ¡Alastor, por Dios, es tu hijo! ¡No lo mates con tus palabras!-.