cap. -10~t3~

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🥀, -"yyyyy por el bien de la trama, más escenas de Será y Alastor chiquito Wuuuu"

🥀.-"pagenme la terapia 😍"

La brisa nocturna soplaba suavemente entre los árboles, moviendo las hojas como si susurraran secretos solo para ellos

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La brisa nocturna soplaba suavemente entre los árboles, moviendo las hojas como si susurraran secretos solo para ellos. En medio del bosque, Sera avanzaba con pasos ligeros, descalza, siguiendo el parpadeo de las luciérnagas que iluminaban el sendero. A su lado, un pequeño niño de cabello azulado corría intentando atrapar una de ellas entre sus manos.

-¡Mira, Sera!- exclamó el niño con una risa clara-¡Una me siguió!-.

-No la atrapes, Astel -respondió ella, sonriendo-Si la encierras, dejará de brillar. Las cosas bellas necesitan libertad para seguir siendo bellas-.

Astel bajó la mirada a sus manos pequeñas y las abrió lentamente. La luciérnaga se elevó en el aire, flotando unos segundos antes de desaparecer entre los árboles. El niño la observó con una mezcla de tristeza y fascinación.

-¿Entonces si te abrazo mucho, tú también dejarás de brillar?-.

Sera soltó una suave carcajada y se agachó frente a él, acariciando sus mejillas con ternura.

-No, tontito… tú puedes abrazarme cuanto quieras. Yo brillo más cuando estás cerca-.

El niño la miró con esos ojos dorados que parecían guardar fuego dentro.

-Pero papá dice que algún día no estarás conmigo, que los ángeles mayores tienen que irse-.

La sonrisa de Sera se suavizó, y una sombra de melancolía cruzó por su rostro.

-Algún día, sí… -susurró- Pero aunque no esté aquí, siempre te cuidaré. Las estrellas que veas por la noche… las más brillantes, esas serán mis ojos vigilándote-.

Astel la abrazó fuerte, escondiendo su rostro en el regazo de ellas

-No quiero que te vayas. No quiero quedarme solo-.

Sera lo abrazó de vuelta, cerrando los ojos. En su pecho podía sentir el pequeño corazón de su hermano latiendo con fuerza.

-No estarás solo -dijo con voz suave-. Eres fuerte, Astel. Más de lo que imaginas. Un día, cuando seas mayor, entenderás que la luz no muere… solo cambia de forma-.

El niño alzó la vista, confundido.
-¿Como las luciérnagas?-.

-Exacto -rió ella- Como las luciérnagas-.

Por un momento, el silencio llenó el bosque. Solo el coro distante de grillos y el titilar de luces verdes los acompañaban. Sera se levantó, tomó de la mano a su hermano y lo guio hacia un claro. Allí, el cielo se extendía inmenso y estrellado, tan brillante que parecía un mar invertido.

-Mira -le dijo-. ¿Ves aquella estrella rojiza, allá arriba?- Astel asintió -Esa será la tuya. Cuando te sientas triste o perdido, mírala y recuérdame. Recuérdame sonriendo, ¿de acuerdo?-.

El Angel PrometidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora