cap. -30~t2~

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🥀. -"van a llorar ja! Jajajajajja"

🥀. -"bueno no me odien, no se que más hacer"

Frente a sus ojos su hermana mayor se desvanecía, pero entendía perfectamente que está no se había ido dejándolo con las manos vacías; lo podía sentir en su cuerpo que ahora estaba más fortalecido

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Frente a sus ojos su hermana mayor se desvanecía, pero entendía perfectamente que está no se había ido dejándolo con las manos vacías; lo podía sentir en su cuerpo que ahora estaba más fortalecido.

Ya con las energías recargadas giro con fuerza hacia Eva, quien al ver esa mirada llena de Odio y rabia, tembló, sorprendentemente tembló de miedo.

El Ángel caído se elevó con fuerza sacerdote su forma demoníaca, en el cielo su silueta se veía tan majestuosa e imponente que lo único que sobresale eran sus ojos de un color rojo vivo y brillante.

Se lanzó en picada directo hacia la entidad oscura haciendo que todo a su alrededor explotara como un insignificante globo lleno de aire, ambos seres empezaron a luchar entre ellos, convirtiendo cada rincón como su espacio de batalla.

-en el fondo eres débil Eva-.

-te dije que mi nombre es-.

-me importa una mierda y te llamas Eva, Roo o lo que sea-.

El aire se estremecía con cada choque, el suelo se abría dejando grietas incandescentes y los cielos del infierno ardían como un mar de fuego. Lucifer, con sus alas desplegadas y su cuerpo marcado por el dolor de la pérdida, brillaba como un faro de ira y poder.

Eva intentaba contrarrestar cada uno de sus ataques, pero cada vez que su acero maldito tocaba la energía roja y dorada que ahora emanaba del caído, era repelida como si no fuera más que polvo.

Lucifer apretó los dientes, su voz retumbó como un trueno:
-¡Tú no me arrebatarás nada más! ¡Ni a mi reino, ni a mi familia, ni a mis hijos!-.

La furia contenida explotó en un torbellino de llamas escarlatas que rodeó todo el campo de batalla. Los demonios, súbditos y enemigos, retrocedieron aterrados al ver cómo las llamas formaban un círculo inmenso, un dominio imposible de atravesar.

Eva lo miraba con rabia, pero en su interior, por primera vez, sintió miedo verdadero.
-Tú… tú no eres un rey, eres un monstruo-.

Lucifer sonrió con crueldad, mostrando los colmillos.
-Un monstruo que gobierna el Infierno… ¡y su rey absoluto!-.

De un latigazo de sus alas, lo envolvió todo en oscuridad y fuego. Su cuerpo brillaba con una fuerza casi divina, un contraste imposible en aquel reino condenado. Cada palabra suya hacía eco en cada rincón, marcando su lugar.

-¡Yo soy Lucifer Morningstar, consorte del rey Alastor, y el verdadero soberano de este Reino!-.

La tierra tembló bajo su proclamación, y las almas se arrodillaron instintivamente. No era solo poder, era la voz de alguien que había cargado con dolor, sacrificio y ahora reclamaba lo que siempre fue suyo.

El Angel PrometidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora