Desde la caída de un angel rebelde, varios serés divinos tuvieron que pagar la condena del trato entre Dios y el rey infernal, para mantener el tratado de paz un angel tendrá que derramar sangre sobre las manos del rey y si quiere vivir tendrá que c...
🥀.-"hey, como están? Veo que la mayoría se quedó con la duda del cap anterior....cual es la duda :>? "
🥀.- "bueno eso se explicará en capítulos futuros 😍"
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Sera reposaba el pergamino dorado sobre la mesa de vidrio; esperaba la llegada del líder de los exorcistas, Adán: siendo este El responsable de las masacres anuales para bajar la sobrepoblación infernal era el encargado de hacer el Tratado para parar por fin los exterminios.
-me llamó alteza-.
Pregunto en tono grave, sentándose frente a la Serafín mayor con frialdad; será confundida por el repentino respeto que el castaño le ofrecía extendió el pergamino dorado señalando un espacio que debía firmar.
-es el contrato de paz Adán, como líder de los exorcistas te corresponde bajar al infierno y llegar a un acuerdo con el rey Alastor-.
El silencio se apoderó del lugar. Adán, sin cambiar su expresión, clavó los ojos en el pergamino que Sera le ofrecía. Ya sabía del acuerdo, por supuesto. Desde hacía semanas los rumores de una "tregua celestial" circulaban entre los rangos del cielo, pero ninguno se atrevía a comentarlo abiertamente frente a él.
El castaño estiró una mano enguantada y tomó el documento con cuidado. El brillo dorado del sello divino reflejaba en sus pupilas; una luz cálida, casi viva, que parecía rechazar el toque de sus dedos.
-Así que finalmente lo aprobaron -murmuró, rompiendo el silencio con un tono bajo, apenas perceptible- El fin de los exterminios... después de siglos-.
Sera asintió lentamente. -No solo un fin, Adán. Es una oportunidad de restaurar lo que fue corrompido. De demostrar que el cielo todavía puede perdonar-.
El líder de los exorcistas alzó la vista hacia ella. Había algo distinto en su mirada, algo... ajeno. -¿Perdonar? -repitió con una ligera sonrisa torcida- ¿Y qué hay de los millones que murieron por esa "corrupción"? ¿De los que no tuvieron oportunidad de redimirse?-.
-No es cuestión de borrar el pasado, sino de evitar que se repita.-
-Evitar que se repita... -repitió Adán casi con un susurro, girando el pergamino entre sus dedos- Suena tan simple cuando lo dices-.
Sera lo observó con cautela. Había trabajado con él durante siglos, conocía su carácter inflexible, su orgullo, su fe ciega en las órdenes divinas... pero ahora había algo distinto. Algo en su tono, en su calma forzada.
-Adán... -comenzó con cuidado- ¿hay algo que no me estés diciendo?-.
El castaño se levantó lentamente, caminó hacia la ventana de cristal y observó el cielo del Edén. Nubes doradas se extendían hasta el horizonte, bañadas por una luz que parecía eterna.
-Nada que debas saber, alteza -respondió finalmente-. Cumpliré mi misión como siempre lo he hecho-.
-No hablo de eso -insistió ella, poniéndose de pie-. Te conozco, Adán. Nunca has cuestionado una orden, y sin embargo ahora...-.
Él giró la cabeza apenas, mostrando una media sonrisa. -Quizás estoy aprendiendo a pensar por mí mismo-.
-Eso no suena a ti -susurró Sera-.
-Tal vez el tiempo cambia incluso a los ángeles -replicó con un tono que la hizo estremecer-.
Por un momento, ambos quedaron en silencio. Sera dio un paso hacia él, extendiendo una mano, como si quisiera alcanzar algo más allá de su figura.
-Adán, quiero que entiendas la importancia de esta misión. No se trata solo de llevar un pergamino, sino de representar la voluntad del cielo. El equilibrio depende de esto. Si algo sale mal...-.
-No saldrá mal -la interrumpió sin mirarla- Alastor firmará. Lo convenceré, o lo obligaré si es necesario-.
-¡No!-la voz de Sera resonó, firme-No puedes recurrir a la fuerza. Este tratado requiere diplomacia, no amenazas. El cielo no busca someter al infierno, sino coexistir-.
Adán finalmente giró hacia ella, y por primera vez, Sera notó algo aterrador en sus ojos: una sombra sutil, una chispa oscura que antes no estaba.
-A veces, alteza, la paz solo se consigue cuando uno de los dos se inclina-.
Sera sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Dio un paso atrás, tratando de ocultar la inquietud que comenzaba a formarse en su pecho.
-...Adán, ¿estás bien?-.
-Perfectamente -respondió con una sonrisa tranquila que no llegaba a sus ojos-Iré al infierno al amanecer-.
-No actúes por orgullo -advirtió ella-Ni por resentimiento. Alastor no es tu enemigo, aunque lo haya sido en el pasado-.
-Oh, lo sé -contestó, tomando el pergamino y enrollándolo con cuidado-Ya no es mi enemigo-.
La forma en que lo dijo hizo que Sera dudara por un segundo en detenerlo. Había algo en su voz, una especie de doble filo, un eco que no pertenecía al Adán que conocía. Pero antes de que pudiera hablar, él ya había desaparecido en un destello de luz blanca.
Sola en la habitación, Sera se quedó mirando el lugar donde había estado. Algo dentro de ella le decía que esa misión... no traería la paz que esperaban.
Y en lo profundo, donde los susurros de lo prohibido alcanzaban el límite de la conciencia celestial, una risa suave resonó en la mente de Adán mientras descendía:
-Así me gusta... deja que yo me encargue del resto...-.
El brillo dorado del pergamino palideció en su mano, mientras en sus ojos, un fulgor carmesí se encendía por primera vez.
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🥀. -"y hasta aquí llegue papus, me dio sueño, bloqueo, estrés y ganas de tirarme de un quinto piso 😍"