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PAULO.

Llegué al hotel antes de lo que había pensado. La reunión en el predio se había acortado y, por primera vez en el día, sentí alivio de volver rápido. Lara estaba ahí, y siempre que ella estaba, todo parecía acomodarse solo.

Lo primero que noté fue el silencio, no porque Lara fuera ruidosa —nunca lo fue—, sino porque siempre estaba... presente, como si el lugar cambiara apenas ella entraba. Esa vez no, todo se sentía igual, prolijo, correcto, demasiado.

La encontré sentada en la cama, con la espalda recta y la mirada perdida en algún punto que no era yo. Tenía los ojos brillosos, como si estuviera apunto de llorar

—Amor —dije, sonriendo, dejando las llaves—. ¿Todo bien?

Levantó la vista rápido, como si la hubiera sacado de un pensamiento incómodo.

—Sí —respondió—. Todo bien.

Pero no lo estaba.

Lara siempre parecía estar un poco en las nubes, incluso cuando estaba cansada. Esta vez era distinto, esta vez estaba lejos... y clavada en el mismo lugar.

Me acerqué y me incliné para besarle la frente. No se apartó, pero tampoco se relajó.

—¿Cómo estuvo tu mañana? —pregunté, normal, como siempre.

—Fui al spa —dijo—. Necesitaba despejarme.

Asentí.

—Se nota —sonreí—. Estás hermosa.

Me devolvió la sonrisa, pero fue de esas que no llegan a los ojos.

Esa noche mientras cenábamos en el restaurante del hotel hablamos de Roma, de fechas, de partidos, de planes que yo decía en voz alta porque me ilusionaban. Me gustaba pensarla conmigo, pensarme con ella. Lara asentía, escuchaba, hacía comentarios justos, demasiado justos.

No me miraba cuando hablaba, y ahí fue cuando empecé a sospechar algo que no quería.... Un presentimiento que se me acomodó mal en el pecho.

No soy celoso, nunca lo fui, yo solo confío fácil, amo fácil. Pero también conozco a la mujer que amo y esa noche, Lara se veía rota por dentro y haciendo todo lo posible para que no se notara, pero era muy evidente.

Cuando volvimos a la habitación Lara se fue a lavar los dientes y que quede completamente solo en la habitación por lo que no lo pensé demasiado.

Su celular estaba sobre la mesa de luz.

Me quedé mirándolo unos segundos, dude mucho, porque no soy así. Porque no quería ser ese tipo, pero algo dentro mío me dijo que lo hiciera. No creo que fue desconfianza, fue netamente miedo.

Lo agarré.

No tuve que buscar demasiado, era los primeros chats que habían, el nombre apareció por si solo. Enzo.

Sentí un golpe seco en el estómago.

Leí los mensajes con el corazón acelerado, como si cada palabra me sacara un poco el aire. No había detalles explícitos. No hacía falta. Había confianza, historia, algo que no se borra fácil.

Lara me mintió todo es tiempo, desde que llegó a Buenos Aires estuvo todo el tiempo con el. Desde la llamada que le di cuando yo estaba en Córdoba y ella me mintió diciendo que estaba con las amigas hasta esta misma mañana donde se habían juntado y quizás que pasó entre ellos dos. De repente esa sensación de miedo a perderla me atravesó. Lara siempre me gustó, eso es un hecho, y ahora que está conmigo no puedo permitir que suceda esto.

Tarado - Enzo FernandezHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora