Desperté esa mañana temprano, no porque tuviera sueño ligero, sino porque algo no me dejaba quedarme ahí, suspendida en ese estado cómodo donde todavía no hay que pensar. Paulo dormía boca arriba, una mano pesada sobre mi cintura, la respiración lenta, profunda, como si nada en el mundo pudiera alterarlo. Esa tranquilidad suya me golpeó más fuerte que cualquier discusión.
El te amo seguía ahí.
No como una frase romántica, ni como un recuerdo tibio. Seguía ahí como una piedra apoyada en el pecho. No dolía exactamente, pero pesaba. Paulo lo había dicho sin cálculo, sin cuidado, sin estrategia. Lo había dicho cuando el control se le escapó, cuando no estaba interpretando ningún papel. Y eso lo volvía real. Demasiado real.
Me moví despacio para no despertarlo y me levanté de la cama. Caminé hasta la cocina con su camiseta puesta, todavía con el cuerpo sensible, como si cada poro recordara lo que había pasado la noche anterior. Preparé café en silencio. El sonido de la cafetera fue lo único que rompió la calma de la casa.
Ahí fue cuando pensé en Enzo.
No apareció como un deseo, ni como una fantasía concreta. Apareció como una interferencia. Como cuando apagás una radio y todavía queda estática en el aire. Había vuelto a estar ahí no porque yo lo hubiera buscado, sino porque había dejado de bloquearlo. Y eso, por mínimo que fuera, era una decisión.
Retomar contacto con alguien que fue importante no es un acto inocente, aunque una intente convencerse de que sí. No había hablado con él. No había vuelto a verlo. Y sin embargo, algo se había reacomodado dentro mío. Como si mi cuerpo supiera algo antes que yo.
Tomé el celular. No había mensajes nuevos. Eso me tranquilizó... y me decepcionó un poco. Las dos cosas al mismo tiempo. Y eso fue lo que me hizo fruncir el ceño, molesta conmigo misma.
—¿Ya estás despierta?
La voz de Paulo llegó desde el pasillo. Lo escuché caminar descalzo, todavía medio dormido. Se apoyó en el marco de la cocina y me miró como si no hubiera visto nada más lindo en su vida. Ese tipo de mirada que no pide nada, que no duda.
—Sí —dije—. No tenía sueño.
Se acercó y me abrazó por detrás, apoyando la frente en mi hombro. No dijo nada. No mencionó la noche anterior. No repitió el te amo. Y eso, otra vez, me descolocó. Porque no lo usaba como ancla ni como reclamo. Lo había dicho una vez y parecía bastarle.
—Hoy entreno temprano —comentó—. ¿Tenés algo?
—Un par de cosas —respondí—. Reuniones, llamadas.
Mentí un poco. O, mejor dicho, adelanté menos de lo que sabía.
Porque mientras desayunábamos, mi mánager me llamó. Me habló de una propuesta que había llegado de último momento. Una campaña importante. Internacional. En Inglaterra. Londres.
Una marca grande. De las que no se rechazan.
Burberry.
Clásica. Británica. Elegante. Exactamente el tipo de imagen que estaban construyendo conmigo últimamente. Escuché todo en silencio, asentí, hice preguntas técnicas. Cuando corté, Paulo me miraba con atención, sin invadir.
—¿Todo bien? —preguntó.
—Sí... —dije, dudando apenas—. Me ofrecieron una campaña en Londres.
No reaccionó de inmediato. Asintió, como si fuera lo más normal del mundo.
—Qué bueno —dijo—. ¿Cuándo?
—En unos días.
Otra pausa. Corta. Controlada.
—Es importante para vos —afirmó, más que preguntar.
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Tarado - Enzo Fernandez
FanfictionLara no puede dejar de pensar en el tarado "-¡Eres un tarado Enzo!- - Soy un tarado pero déjame mostrarte lo que puedo hacer -"
