El sol caía directo sobre la pileta y yo estaba estirada en una reposera, con los anteojos negros puestos y una bebida fría en la mano, tratando de procesar todo lo que había pasado desde que llegué. Buenos Aires tenía esa energía rara que siempre me alteraba un poco: demasiado movimiento, demasiadas posibilidades.
—Bueno, ahora contá bien —dijo Catalina, acomodándose el pelo mientras se untaba protector solar—. Porque desde que dijiste "Enzo" venís dando vueltas y no terminás la historia.
Solté una risa corta y negué con la cabeza.
—No es tan fácil —respondí—. Con Paulo estoy bien, posta. Me gusta, me cuida, me hace sentir tranquila... es todo lo que debería gustarme.
—¿Y Enzo? —intervino Sofi desde el borde de la pileta.
Suspiré, sacándome los lentes un segundo.
—Enzo es distinto. Es insoportable, me provoca, me pelea todo el tiempo... pero me divierte. Me gusta estar con él, me gusta cómo nos hablamos, cómo nos picamos. Es como... no sé, una energía rara.
—O sea, te gusta —dijo Catalina, directa.
—No —respondí rápido—. O sí... no sé. Me gusta la dinámica, no él. Creo.
Las tres se rieron, claramente no me creían ni un poco, pero era verdad lo que decía, les estaba diciendo completamente la verdad.
—Igual —agregué—, no pasó nada. Pero fue significativo, ¿entendés? Me dejó pensando más de la cuenta.
El silencio duró poco porque Catalina agarró el celular con una sonrisa sospechosa.
—Hablando de pensar menos... nos invitaron a un boliche hoy. VIP. Un amigo mío conoce al dueño.
Levanté una ceja.
—¿Boliche, hoy?
—Sí —dijo Sofi—. Salimos, bailamos, tomamos algo. Te despejás.
Miré la pileta, el cielo, y después a ellas, para que vine a Buenos Aires si no iba a ser para salir todos los días
—Bueno —dije—. Pero nada raro.
Las tres largaron la carcajada al mismo tiempo.
Horas después, el baño estaba hecho un caos, aún que el departamento era de un cómodo tamaño, el caos que estábamos haciendo la hacía ver pequeño. Música fuerte, risas, perfumes mezclándose en el aire. Me miré al espejo con el vestido negro de cuero ajustado al cuerpo, escotado lo justo, el pelo suelto y maquillaje marcado.
—Estás peligrosa —dijo Catalina.
—Cerrá —respondí, sonriendo—. Vos tampoco te quedás atrás.
Llegamos al boliche cerca de la medianoche, las luces estaban bajas y el volumen de la música no te dejaba ni conversar, además de haber gente por todos lados. El VIP estaba lleno, gente con copas en la manos y el reggaetón sonaba sin parar.
Después de un rato y de unas copas demás, bailábamos sintiéndonos livianas sin preocuparnos de cualquier cosa. El alcohol me había aflojado el cuerpo y la cabeza. En un momento, mientras giraba con el vaso en la mano, los vi.
La selección.
Rodrigo de Paul, Paredes, Julián... y ahí, casi como un golpe seco en el pecho, Enzo. Y Lisandro.
Tragué saliva.
—No puede ser —murmuré.
—¿Qué? —preguntó Sofi.
—Nada —mentí—. Nada.
Me sentí ridícula por la vergüenza que me agarró. No había pasado nada concreto con Enzo, pero igual me incomodaba verlo. Tal vez por cómo me había hecho sentir la noche anterior. Tal vez porque sabía que él sabía. Además de Lisandro, después de Qatar lo había dejado de seguir en todas las redes sociales pero él aún así me likeaba todo lo que subía. La otra vez me dio like a la historia que subí de Paulo en Córdoba y aunque hice como si nada hubiera pasado y ignore el mensaje me dejó con un trago amargo
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Tarado - Enzo Fernandez
Fiksi PenggemarLara no puede dejar de pensar en el tarado "-¡Eres un tarado Enzo!- - Soy un tarado pero déjame mostrarte lo que puedo hacer -"
