Nunca creí haberla encontrado, nunca creí poderla tener en mis manos y menos pensar que era MIA, porque ella es mi mate.
***
Una pareja cargada de pasión y deseo, pero sobre todo problemas...
¿El amor es suficiente para rescatarte de la oscuridad...
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SAVANNAH:
Abrí mis ojos con pesadez sintiendo una punzada de dolor en mi cabeza, traté de moverme pero una gran mano estaba sobre mi abdomen y un cálido pecho pegado a mi espalda, sonreí de lado al saber de quién se trataba pero mi sonrisa se desvaneció cuando los recuerdos inundaron mi mente.
Recordar porque estaba llorando y porque estaba mal, hacía que vuelva a ponerme mal y sin evitarlo una lagrima solitaria se derramo una vez más, parecía que iba a explotar. No sabía cuánto había llorado pero lo que si sabía era que aún tenía sentimientos reprimidos, y recordar la muerte de mi hija como si hubiese sido ayer había sido la causa de mi colapso.
— Savannah, amor... — Marcus tomó mis hombros y me giró haciendo que mis ojos queden viéndolo fijamente. Su rostro me demostraba que compartía el mismo sentimiento de dolor y pena.
— Marcus... — no lo resistí y rompí a llorar una vez más, aferrándome al cuerpo de Marcus.
Odiaba recordar mi pasado, me hacía sentir una mujer sucia y utilizada, alguien débil. Me había costado mucho mantener mi reputación y aunque no era buena, todos me tenían respeto y miedo. No me gustaba llorar, y siempre que iba a hacerlo, reprimía mis lágrimas y las cambiaba por ira. No sabía cómo controlar mis sentimientos y había veces que todo se me salía de las manos.
— Shh... Tranquila — susurró en mi oído, deslizando sus manos por mi espalda —. Sé que fue duro mi amor, pero yo estoy para ti y nada te va a suceder, te juro que Maximus va a pagar por todo.
— Solo quiero que todo vuelva a ser como antes — tomé aire —, estoy cansada... solo quiero estar contigo y formar una familia, no perfecta, porque sé que tendremos problemas... pero los solucionaremos juntos — elevé mi vista y mire sus hermosos ojos —. No me dejaras... ¿Verdad?
— Nunca — tomó mi rostro y dejó un dulce beso en mis labios, mezclándose con la sangre de mis lágrimas, pero eso no le importó —. Nunca ¿Entiendes? No sé qué haría sin ti y no quiero imaginarlo, voy a estar siempre.
— Eres lo único que me queda, lo único por lo que estoy aquí, perdón por no habértelo dicho antes — hipé y escondí mi rostro en su cuello —, sé que no soy la mejor compañera... pero siempre me esfuerzo por ser mejor.
— Cariño, con que seas tú misma y estés al lado mío, es lo único que necesito.
Acerqué mis labios a los suyos y los rocé, hasta que no lo resistí y los uní en un lento y suave beso.
— Sé que no soy perfecto tampoco... — sonrió de lado —. Pero al lado tuyo me siento el hombre más feliz de todos, sé que no nos conocemos hace mucho y tal vez nos lleve años conocer el uno del otro, además también sé que nuestras relación fue demasiado rápida... pero así somos nosotros; explosivos y locos, y amo que seamos así — me tomó por mis caderas y me colocó encima suyo —. Pero quiero que me prometas que nunca nos ocultaremos nada.