(Capitulo 69)Charla de chicas

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#Gran Bosque de Aries, exterior sector Este#

—Fiu... Aun si fueron muchos, siguen sin ser suficientes. —Tras un leve bostezo, aquella mujer observó con calma a su alrededor.

Decenas de monstruos continuaban emergiendo desde el bosque, ignorando todo a su paso mientras rodeaban la barrera oscura en la que ella se encontraba. Tras la caída de los guardias más fuertes, no hubo más opción que centrar todos los esfuerzos en contener a la interminable horda que avanzaba desde la espesura.

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—Los dos que siguen en pie, llévense al resto si no quieren que terminen aún peor. No luchen sin sentido. —Ante las palabras de la Estrella, los guardias restantes no tuvieron más opción que bajar la mirada con frustración.

Al igual que sus compañeros y su capitán, sus heridas permanecían ocultas bajo la superficie. Incluso con la gran resistencia que les permitía enfrentar en grupo a enemigos poderosos, frente a aquella mujer de ojos celestes no eran más que simples espectadores de su propia derrota.

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Los soldados caídos permanecían inmóviles sobre la tierra húmeda. A simple vista apenas podían apreciarse heridas externas, pero la sangre que descendía por las comisuras de sus labios revelaba la verdad. Las hemorragias internas los habían incapacitado por completo, dejándolos sin posibilidad de oponer resistencia.

—¿Por qué...? —alzó la voz uno de los hombres que aún permanecía consciente.

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—¿Qué es lo que no entiendes? —preguntó la Estrella con genuina curiosidad.

El soldado tragó saliva al encontrarse con los ojos inexpresivos del monstruo que tenía frente a él. Un sudor frío recorrió su espalda mientras reunía el valor necesario para formular la pregunta.

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—¿Por qué nos dejas vivir? —preguntó finalmente, incapaz de ocultar el temblor en su voz.

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—Ah, ¿era eso? —respondió con indiferencia—. Es solo porque no valen la pena.

Bastó con que levantara una mano para que los dos guardias que aún seguían en pie se estremecieran de inmediato. El recuerdo de sus compañeros desplomándose sin siquiera comprender qué había ocurrido seguía fresco en sus mentes.

—Los invito a irse si ya terminaron de hablar.

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Con paso apresurado y miradas cargadas de frustración, los guardias recogieron a sus compañeros caídos y comenzaron a retirarse de aquel territorio que ahora pertenecía por completo a la Estrella.

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—Me pregunto cómo les estará yendo a los demás... Tal vez ya mataron a alguno, jajaja... Qué aburrido. Al menos Sherat no pudo participar. Sería una pena perderla. Es aburrida, sí, pero al menos es hermosa. - La mujer apoyó la mejilla sobre una de las estructuras cristalinas que había creado, observando distraídamente el bosque mientras balanceaba una pierna con desinterés.

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—Esperaba algo más aterrador. Aunque, ciertamente, resultas inquietante. Tu maná es extraño... antinatural - La voz surgió desde el borde de la barrera.

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Casi al mismo tiempo, un objeto atravesó el aire a gran velocidad en dirección a la Estrella.

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—¿Una nueva retadora? ¿Una chica esta vez? ¿Viniste a divertirte conmigo, quizá? - Sin alterar siquiera su postura, la mujer atrapó el proyectil entre sus dedos. Una pluma oscura y afilada. Sus ojos celestes descendieron brevemente hacia ella antes de volver a alzarse hacia el bosque.

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