Estuve el mes que quedaba de clase con dolor de cabeza a causa de los empujones extraños.
Por fin llegaron las vacaciones, quedé con Daniel para hablar de lo que me pasaba.
-Daniel, sé que a mi vecino le gustan las cosas raras y está un poco chalado, pero quizás nos pueda ayudar.
-Está bien, vayamos a ver.
Mi vecino era mayor, de unos sesenta años, con pelo canoso y ojos claros.
Llamámos al timbre. Abrió la puerta enseguida.
-Hola, Lew.
-Hola, pequeña. ¿Qué tal?
-Bien.
-¿Quién es tu acompañante?
-Ah, es mi amigo Daniel.
-Un placer -dijo Lew-.
-Igualmente -contestó Daniel-.
-Pasad, pasad -ofreció Lew-.
-Gracias -dijimos Daniel y yo-.
-Bueno, -dijo Lew una vez ya dentro- ¿qué os trae por aquí?
-Pues verás, desde hace tiempo... pues... algo me empuja pero luego no hay nada... ya se que es absurdo pero es verdad...
-No es para nada absurdo, muchachita -replicó Lew- eso es porque, tal vez, hay seres paranormales que intentan hacerte algo...
-¿Qué? -se respuesta me puso los pelos de punta.
-Si quieres puedo hacerte como un test para averiguar más cosas sobre tu estado.
-Vale.
-Pues venid conmigo a mi laboratorio.
Su laboratorio era grande, espacioso y con algún que otro cachivache raro por medio.
-Sentaos, porfavor -después de una breve pausa preguntó- ¿desde cuándo llevas escuchándolas?
-Desde hace bastantes meses. Un día algo o alguien me empujó pero esa cosa era invisible. Y esa cosa me susurró que mataría a mi padre.
-Mmmm. ¡Claro, ya está! -exclamó Lew- tienes que viajar en la la máquina del tiempo.
-¿Qué? -preguntamos Daniel y yo a la vez-.
-Sí, sí, la máquina del tiempo. Estoy construyendo una, dentro de poco la terminaré y seréis los primeros en probarla. Tendréis que ir a cierto momento del pasado y matar al asesino.
-¡Yo me voy de aquí! ¡Éste hombre ha perdido la cabeza! -exclamó Daniel con angustioso-.
-¡No, Daniel! Tú te quedas. -le grité-.
-Daniel, -dijo Lew con tono frío y misterioso- tú de aquí no te vas hasta que lo diga yo -Daniel se volvió a sentar- ¿Queréis tomar algo?¿Unos pastelitos, o unas galletitas o un té? Es lo que me iba a preparar antes de que llegárais vosotros.
-Bueno... -dijo Daniel pensativo-.
-Vale -Lew se anticipó y se contestó a sí mismo- pues entonces os preparo esas cosas. Seguidme al salón.
Lew a veces se comportaba de una forma rara y misteriosa, a veces daba hasta miedo. Nos condujo hasta el salón donde nos ofreció sentarnos. Al rato trajo una bandeja de pastelitos, galletas, bollos..., una taza de café y dos de té. El salón estaba repleto de libros de ciencia, de cuadros antiguos, diplomas científicos. Había un sofá largo, dos sillones, una mesita de centro, una mesa larga de comedor y una televisión de pantalla plana de unas cuarenta y ocho pulgadas. Lew vivía solo, nunca se había casado porque ninguna mujer se había interesado en su aspecto ni en su forma de ser. Pero en el fondo era un buen hombre, muy simpático y muy majo. Lo que me gustaba de él era ese toque misterioso que tenía.
-Gracias por la merienda -le dije-.
-No hay de qué.
Estuvimos allí durante un buen rato hablando. Luego casi a la hora de la cena, decidimos marcharnos a nuestras casas, que ya era hora.
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Voy a ir subiendo capítulos cada dos días más o menos, para que me pueda dar tiempo a escribir los siguientes capítulos.
Gran Rambo (★^O^★)
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Ayúdame...
Science Fiction¿Os habéis preguntado alguna vez como sería viajar en la máquina del tiempo? Esta es una historia de ciencia ficción y romance en el que una chica viaja en la máquina del tiempo para arreglar las cosas.
