Rick abrió los ojos.
-No puedo mover la pierna -dijo asustado.
-Has perdido la movilidad en esa pierna -dijo Daniel.
-Lo siento -dije cabizbaja.
-Nunca te debería haber regalado la pistola -se quejó.
La puerta se abrió. Era un doctor.
-Hombre, veo que se ha despertado. Y parece que ya ha descubierto lo de su pierna...
-Sí.
-Pasado mañana podrá salir. Y le daremos una silla de ruedas.
El médico comprobó que había suero en la bolsita y se fue.
Él me había hecho daño y aquí estaba su merecido, aunque me sentía mal. Pero eso era lo que quiso el destino, no lo iba a cambiar.
Dos días más tarde Rick pudo salir del hospital. Volvimos a casa en el coche de mi madre.
-¿Cuándo me puedo sacar el carné de conducir? -le preguntó Daniel a su padre.
-Cuando tú quieras, hijo.
-¿Y yo? -pregunté.
-El año que viene -respondió mi madre.
-¡Hala! ¿Por qué? -me quejé.
-Porque lo digo yo -contestó secamente.
-¿Por qué no la dejas? -le preguntó Rick a mi madre.
-¿Después de lo que te ha hecho? -dijo enfadada.
-No ha sido para tanto.
-Me da igual, hasta los dieciocho años nada.
Me enfurruñé.
Llegamos a casa. Subimos a Rick complicadamente a su habitación. Me quedé a solas con él.
-¿Cuándo le vas a decir a Daniel lo de su madre? -le pregunté.
-Cuando tenga el valor suficiente.
-Se lo tienes que decir ya o si no va a ser peor. Además, un día lo voy a soltar sin darme cuenta.
-Si se lo digo va a hacer todo lo posible por meterme entre rejas. Y entonces no tendrá padres y se quedará trastornado de por vida. ¿Eso es lo que quieres?
-Pero si no se lo dices le harás más daño. Rick, díselo.
-Vale -dijo con tono aburrido-, pero las consecuencias no van a ser buenas.
-Me da igual que las consecuencias sean buenas o malas pero no puede vivir con una mentira tan gorda como esa.
-Está bien... -dijo con tono cansado-. Si viene a verme, se lo diré.
Salí de su habitación para introducirme luego en la mía. Comencé un nuevo dibujo. Al rato escuché gritos y un portazo. Me estremecí. Hablaría con Daniel más tarde.
Una hora o dos más tarde decidí ir a hablar con Daniel. Llamé a la puerta y entré. Él miraba fijamente a un punto concreto de la habitación mientras tocaba una canción triste con la guitarra. Estaba serio, tenía los ojos acuosos y rojos de llorar. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Me acerqué poco a poco a él.
-Daniel, yo...
Paró de tocar la guitarra.
-Lo sabías -dijo sin mirarme mientras una lágrima recorría su mejilla.
-No... O sea, sí, pero...
-Me lo ocultaste.
-Te lo quería decir pero tu padre no me dejó.
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Ayúdame...
Science-Fiction¿Os habéis preguntado alguna vez como sería viajar en la máquina del tiempo? Esta es una historia de ciencia ficción y romance en el que una chica viaja en la máquina del tiempo para arreglar las cosas.
