¡Vaya mierda!

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Y por fin llegó el día que tanto había esperado, llegaste cerca de las 4pm a mi casa, preguntaste si no había nadie pero sólo estaba mi hermano conciliando el ensueño, pasaste y tomaste asiento de inmediato venías muy abrigada para aquel día, te dije si querías dejar tu abrigo y me dijiste que no que todo bien, a continuación saqué mi cuaderno de apuntes y nos pusimos a leer y repasar me preguntaste repetidas veces que temas no entendía, para mi mala suerte sabía perfectamente cada materia y no sabía con cual quería que me maravillaras, ¡Demonios! No me puedo concentrar y es que posees un aroma a vainilla que es encantador, decidí hacerte algo de comer, una merienda y poner algo de música. Te molestaste un poco al ponerme tan relajado pero es que así soy yo, relajado en mi mayor parte, nos sentamos en mi sillón y hacia ya demasiado calor, te quitaste el abrigo y traías un top cómodo manga cero, de pronto terminamos de comer y te paraste a dejar el plato entonces me quedé paralizado, pasmado y aterrado ¿Qué era eso que mis ojos estaban viendo? No era cierto, no podía ser posible, tenías una herida, grande, estaba morada y se veía reciente, no tardé mucho en darme cuenta que estaba demasiado inflamado y corrí rápidamente a traer curaciones, cuando me viste correr te quedaste boquiabierta y es que no sabías lo que acababa de ver, «Quédate quieta y exijo una explicación para esto, ¡Ahora!».
Enmudeciste de pronto y tu sonrisa se apagó, podía sentir como tus párpados se cerraban y abrían lentamente mientras una lágrima tuya comenzó a recorrer tu mejilla y sólo podía pensar en
¿QUÉ DEMONIOS SUCEDE AQUÍ?

El Bueno Para NadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora