Apenas volví en mí, alcé la mirada y con la vista borrosa le dije «¿Perdón?» ella me miró y sonrió, yo estaba anonadado, idiota y atontado. No sabía lo que pasaba solo sabía que no podía dejar de observarte, que aunque me odiaras por razones que desconocía yo te quería con el alma y no podía dejar de estar petrificado frente a ti.
Te me acercaste y besaste mi mejilla, comencé a sudar y temblar, mis manos nerviosas no dejaban de temblar, literalmente era una gelatina «No puedes besarme y odiarme» repliqué pero ella solo rió aún más y se marchó dejándome aún con más enigma que antes, ya no sabía que hacer ni que decir ni que pensar.
