Te vi directo a los ojos luego de hacerte esa pregunta y estabas atontada, como si nunca te fueras a esperar que preguntara algo tan directo como eso, me miraste y vi como se humedecieron tus ojos y mordías tus labios, entonces comencé a detener aquellas lágrimas que estaban por caer, no podía creer que fueras tan sensible pero luego ya estando más calmada me sonreiste y me dijiste que me lo dirías, en mi cabeza solo podía pensar «¿Será en serio? ¿Por fin me lo dirá?».
Entonces comenzaste
«Siento tantas cosas al verte, siento que eres un chico genial, eres demasiado tierno y todo un caballero, eres increíble, nunca había conocido a nadie como tú, me encantó saber que puedo confiar en ti y que sé que estarás ahi para mi, me haces sentir que contigo puedo ser yo misma».
Me quedé perplejo cuando terminó, estaba feliz ella confiaba en mi después de todo y yo no sabía que hacer, ya se me hizo costumbre quedarme congelado, te acompañé a la puerta de salida, estabas por irte y lo recordé entonces sin vacilar pregunté «¿Por qué me odias entonces? »
Y sin razón ni sentido me sonreiste tiernamente como siempre y me dijiste con aquella voz tan angelical
«Te odio porque no puedo amarte»
