Cuando Anabelle cumplió los nueve le regalaron unos patines. Ella soñaba con ser patinadora artística y sus padres habían decidió apoyarla anotándola en una academia. El problema era que An había nacido con dos pies izquierdos, torpe quedaba corto para describirla. En las ocasiones en las que la acompañaba a sus clases podía ver como se frustraba al no lograr hacer las figuras que le indicaban o al caer una y otra vez de cola al piso. Pero, aún así, no se rendía.
En una de esas ocasiones vi como algunas de sus compañeras se reían de ella y eso me puso como loco, no soportaba que la maltrataran. Una de esas niñas le había puesto de apodo Anacatrasca, las demás se reían tanto que la hicieron llorar. Así que fui, me planté frente a esa tonta niña y le dije que ella parecía un castor con esas dos paletas gigantes que tenía y que seguro nunca nadie la iba a querer besar por miedo a ser mordido o incluso, comido.
La niña se puso a llorar y salió corriendo mientras todas sus falsas amigas se reían. Ana me agradeció por haberla defendido, la mirada triste en su rostro me partió el alma. Ese día les pidió a sus padres que la sacaran de la academia, argumentando que no servía para eso. Pero en el fondo sabía que ese episodio la había marcado.
Una tarde, no mucho tiempo después, sus padres nos llevaron a una pista de patinaje sobre hielo. An estaba muy emocionada, pero al mismo tiempo estaba aterrada, temía hacer el ridículo. Le asegure que yo iba a estar a su lado, que no iba a soltarla por nada en el mundo. Entramos a la pista y dimos un par de vueltas bastante cerca de las barandas. Cuando se sintió más segura, nos alejamos hacia el centro y comenzamos a divertirnos un poco más.
Pero de pronto ella trastabillo y cayó al piso quedando despatarrada en el medio de la pista. Antes de pensarlo dos veces, me lance al piso simulando un gran tropiezo que capto las miradas de todos. Caí de culo mientras no paraba de sacudir mis brazos y mis piernas.
Todos comenzaron a reírse de mí, por lo que la caída de Anabelle paso desapercibida. Cuando salimos de la pista ella me abrazo y me dio las gracias por lo que había hecho. Me dio un beso en el cachete y yo solo sonreí como un tonto, sin importarme el dolor que sentía en el trasero. Esa no fue ni la primera ni la última vez que hice algo así por ella, constantemente intentaba que no sufriera por nada en el mundo, incluso a costa de mi propio bienestar.
Recuerdo que cuando yo tendría unos once años y ella diez, Andrea y Sergio nos invitaron a mi mamá y a mí a pasar las vacaciones con ellos. Eso nos puso súper contentos a los dos, íbamos a ir a la playa juntos. Yo no conocía el mar, había ido de muy pequeño con mis padres y no lo recordaba. El primer día, ni bien llegamos, dejamos todos los bolsos y mi mamá nos llevó a los dos a la playa.
La inmensidad del mar me dejo asombrado, era increíble. Con Ana corrimos hacia la orilla bajo la atenta mirada de mi madre, el agua estaba helada pero aun así no nos importó. Jugamos a salpicarnos y a tirarnos arena. Su risa hacía que mi corazón se acelerara y con el afán de no dejar de escucharla buscaba una y otra vez formas de provocarla. Cuando el sol comenzó a descender nos alejamos de la orilla debido al frío, nos sentamos en la arena y contemplamos juntos el atardecer.
Estábamos callados perdidos ante la majestuosidad de la imagen que teníamos frente a nuestros ojos. Los silencios entre nosotros nunca fueron incómodos, pero como les dije antes, amaba su risa. Sin pensarlo dos veces, me pare y comencé a hacer un baile algo tonto. Al principio me miro extrañada pero pronto comenzó a reírse a carcajadas. Cuando me canse me tire a su lado feliz de mi gran logro.
—Sos un ridículo —me dijo pegándome en el hombro—, pero me encanta.
En ese momento me jure a mí mismo que siempre iba a hacer lo imposible para hacerla reír. Pero con el tiempo, me di cuenta de que la hice llorar más veces de las que hubiera querido. No cumplí con mi juramento.
*****************************************************************************************************
Hola!!
Como prometí, acá les dejo otro capítulo, tampoco es muy largo, pero los primeros van a ser así.
Espero que les este gustando la historia! dejen sus votos y comentarios :)
Saluditos!!
ESTÁS LEYENDO
Lo juro
RomanceGermán y Anabelle han sido amigos toda la vida y sí, se aman, pero ambos temen que ese amor los destruya y los separe para siempre. Llevan años jugando con fuego, jurándose que nada va a destruir su amistad, pero sus caminos están a punto de separas...
