Andrea comenzó a llorar desconsoladamente mientras que Sergio intentaba sostenerla. Mi mamá abrazó a su amiga también con lágrimas en sus ojos.
—Pero... ¿Va a despertar?
—Debo serles sinceros, las primeras 48 hs son críticas, se pueden presentar muchas complicaciones que podrían empeorar su situación. Pasado ese periodo ya depende de ella, no hay forma de evaluar el verdadero daño neurológico mientras este inconsciente, como tampoco podemos decir con exactitud si va a recuperar la conciencia o no. Estos casos son de difícil diagnóstico. Lo siento.
—¿Podemos verla?
—Sí, el horario de visita es bastante restringido debido a la gravedad de los pacientes que allí se encuentran. Es de 12 a 13 y de 19 a 20, y sólo puede pasar la familia directa. Pero haré una excepción y les voy a permitir pasar tan solo unos minutos a ustedes dos. Aguarden aca que una enfermera los vendrá a buscar.
—Gracias.
Quería verla, no, necesitaba verla. Pero sabía que iba a tener que esperar hasta las 12 del mediodía. Si debía mentir y decir que era su marido lo haría. Pasaron alrededor de diez minutos hasta que una enfermera ingreso a la sala para llevarse a Sergio y Andrea. El resto nos quedamos en silencio.
Mi madre estaba a mi lado en el sillón, acariciando mi espalda amorosamente. Yo estaba ausente, no terminaba de asimilar lo que estaba ocurriendo. Tenía miedo, jamás me había sentido tan aterrado en mi vida. La imagen de ella inconsciente y con el rostro pálido y ensangrentado no abandonaba mi mente.
Cuando Sergio y Andrea entraron a la sala me levante de un salto. La expresión de tristeza en sus rostros lo decía todo. Quería preguntarles mil cosas, pero las palabras no salían de mi boca. Mi madre se acercó a ellos.
—¿Cómo esta?
—Ella esta... Dios... mi pequeña...—Comenzó a sollozar Andrea.
Verlos así dolía demasiado y la culpa se volvió insoportable. Salí de la sala y caminé sin rumbo por los pasillos de aquel hospital. Llegue hasta un área desolada y me deje caer al piso con la espalda apoyada contra una pared. Oculte mi rostro entre mis rodillas y me deje llevar por toda la angustia que llevaba dentro. Las lágrimas caían una tras otra sin parar, el dolor en mi pecho crecía sin piedad. No paso mucho antes de sentir que alguien se sentaba a mi lado.
—Todo va a estar bien, ella va a salir de esto —dijo mi madre.
—Es mi culpa...
—No digas eso...
—Estaba distraído... por eso no lo vi a tiempo... —dije entre sollozos.
—Fue un accidente mi amor, por favor, no te culpes.
—Si le pasa algo... si ella... yo... yo no... —Levante mi mirada para verla—. No lo soportaría.
—No pienses en eso —dijo mientras acariciaba mi mejilla limpiando algunas lágrimas—, estoy segura que ella se va a poner bien, es fuerte.
—Yo no soy tan fuerte...
Permanecimos en silencio unos minutos hasta que decidimos volver con los demás. Las horas pasaban lentas, ningún doctor se acercaba a nosotros para darnos novedades. Eso no sabía si era bueno o malo, pero que era desesperante no había duda. Cuando llegó la hora de visita los primeros en volver a pasar fueron sus padres junto con mi madre. Al salir ellos me preguntaron si quería pasar y todos me miraron.
—¿Puedo? —pregunte temeroso.
—Claro —respondió Sergio.
Seguí a la enfermera al área de terapia intensiva y me ordenó que me lavara las manos antes de indicarme cuál era su cubículo. Al entrar mi cuerpo se tensó, ahí estaba, recostada en una camilla rodeada de cables y aparatos que emitían pitidos de toda clase.
Tenía una venda que cubría la parte superior de su cabeza y una máscara de oxígeno sobre su nariz y boca. Estaba pálida. Verla así me partió el alma, saber que estaba así por mi culpa era insoportable. Me acerque lentamente hasta quedar a su lado y me deje caer en una silla que había ahí.
—Perdoname... —susurre mientras tomaba su mano izquierda—. Tenes que despertar... te tenes que poner bien porque yo... te necesito... más de lo que realmente crees.
Me acerque un poco más y acaricie su mejilla con mi mano libre. Su piel estaba fría.
—Dios, te necesito en mi vida... no me dejes... yo... te amo.
Al salir las últimas dos palabras de mi boca mi corazón se estrujo y las lágrimas hicieron su acto de presencia. Permanecí en silencio unos minutos más y luego salí.
Había pasado toda una semana y no había novedades sobre su estado. Solo me había movido del hospital las pocas veces en las que mi madre, los de Ana o los chicos me obligaron a ir a tomarme una ducha, comer algo y descansar un poco. Yo apenas lograba bañarme.
Eran las 11:30 de la mañana, Sergio y yo estábamos en la sala de espera aguardando que viniera el médico a darnos el parte diario. Cuando éste apareció, ambos nos levantamos de nuestros asientos rápidamente.
—Sr. Crespo. —Saludo con un apretón de manos a Sergio—. Germán. —Me saludo de igual modo.
—¿Hay alguna novedad? —pregunto Sergio.
—Lamento decirles que no, todo sigue igual. Se encuentra estable, lo cual es una buena señal, pero no da signos de querer despertar.
—Pero ¿no hay nada que se pueda hacer?
—En estos casos no hay mucho que podamos hacer, todo depende de ella
—Entonces ¿puede ser que nunca despierte? —No sabía si era una pregunta para el doctor o me lo estaba afirmando a mí mismo.
—Lo siento, pero las probabilidades son muy bajas. Sé que es una situación difícil y lamento tener que darles estas malas noticias, pero no quiero alimentar sus esperanzas en vano. —El doctor apoyó su mano en el hombro de Sergio a modo de apoyo—. Debo retirarme, no duden en acercarse cualquier duda que tengan.
El doctor se retiró justo cuando mi madre y Andrea entraban a la sala. Ellas se acercaron a Sergio para enterarse del parte. El rostro de Andrea se desfiguro al escuchar lo que Sergio le decía. De pronto la habitación se me hizo demasiado pequeña, el aire me faltaba y sentí la necesidad de salir corriendo de ahí. Y así lo hice.
Recorrí varias cuadras mientras las palabras del médico se repetían una y otra vez en mi mente. Ella podría no despertar jamás y eso dolía como mil demonios. De pronto, tropecé con mis propios pies y al levantar la vista vi una pequeña iglesia. Sin pensarlo dos veces entre y me pare frente a una gran cruz donde Jesús yacía crucificado.
Me quede observando la imagen durante largos minutos, hasta que decidí ir a uno de los bancos y me coloque en cuclillas con mis manos entrelazadas.
—No sé cómo se hace esto, no soy muy religioso y te pido disculpas por acordarme de vos hasta ahora. Es que necesito que la ayudes... ella tiene que despertar... —Algunas lágrimas comenzaron a caer y rodar por mi rostro—. Tiene tanto por lo cual seguir viviendo... por favor... hago lo que sea, estoy dispuesto a todo por ella... por favor solo haz que despierte, yo juro que...—Entonces lo tuve claro, renunciaría a lo más importante para mí—. Si la ayudas, juro renunciar a ella.
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Hola!! Perdón, ayer no llegue a subir capítulo :( por eso el de hoy es un poquito mas largo ;)
Ya estamos en la recta final, ya queda poco para enterarnos que decisión va a tomar Anabelle respecto a Germán.
Espero sus votos y comentarios! :)
Saluditos!!
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Lo juro
RomansaGermán y Anabelle han sido amigos toda la vida y sí, se aman, pero ambos temen que ese amor los destruya y los separe para siempre. Llevan años jugando con fuego, jurándose que nada va a destruir su amistad, pero sus caminos están a punto de separas...
