40 - Mi infierno (Parte 3)

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En cuanto lo vi entrar supe por su expresión que algo raro ocurría con él. Pude ver en sus ojos alivio, felicidad, pero también mucho dolor. Una fea sensación se había instalado en mi pecho, aunque intente ignorarla de inmediato.

—Hola peque —dijo esbozando una sonrisa que no llego a sus ojos.

—Hola.

Se acerco a mí y se sentó en la silla que había al lado de mi camilla. Estaba distante y eso me dolía.

—¿Cómo te sentís?

—Bien, teniendo en cuenta las circunstancias.

Asintió y luego apoyo su mano sobre la mía, acariciando mis nudillos tiernamente.

—Me asustaste, mucho, por un momento creí... —Agachó su cabeza negando levemente—. Creí que te perdía...

—Pero no me fui a ningún lado, estoy acá Ger.

El levantó su rostro y pude ver sus ojos enrojecidos. Ahora que lo tenía más cerca podía ver las ojeras bajo ellos y además se veía más delgado. El me miraba fijo a los ojos, mientras mordía su labio inferior, claramente intentando contener las lágrimas.

—Por favor, no llores, estoy bien...

Levante mi mano derecha y acaricié su mejilla, él cerro sus ojos apoyando su rostro en mi mano. De un momento a otro se levantó y se abalanzó sobre mí, abrazándome como podía teniendo cuidado de no lastimarme.

—Perdoname... —Sollozaba en mi oído—. Todo fue mi culpa... si te hubiera pasado algo yo... jamás me lo hubiera perdonado.

—Fue un accidente...

El levanto su rostro, quedando ambos muy cerca el uno del otro. Podía notar el dolor en su mirada, pero había algo más. Apoyo su frente a la mía y cerró los ojos.

—Nunca más vuelvas a asustarme así...

Y luego acorto la distancia que nos separaba, depositando un dulce beso sobre mis labios. Fue un beso corto, pero que trasmitía demasiadas cosas. Un beso con sabor a despedida. Tomo una profunda bocanada de aire y se separó de mi, estaba nervioso y no entendía el porqué.

—¿Estás bien? Te ves bastante mal, espero no sea por mi culpa...

—Estoy bien ahora, no te preocupes —Me regalo una pequeña sonrisa.

—¿Qué te pasa?

—Nada, estoy bien An, en serio. Solo estoy algo cansado.

—Te conozco Ger, sé que hay algo más, algo que no me queres decir.

Note como se ponía nervioso, lo sabía, lo conocía demasiado.

—Nada importante —dijo sacudiendo su cabeza—. No te preocupes por mi, necesito que te concentres en recuperarte —dijo y acaricio mi mejilla con dulzura.

—Está bien, pero primero prométeme que vas a ir a tu casa a descansar y a comer un buen plato de comida. Te ves bastante mal.

—Lo prometo.

No iba a presionarlo, no ahora.

—Tengo que irme, el horario de visita es demasiado corto y afuera están las chicas que también te quieren ver.

—Bueno ¿Te veo después?

Asintió y luego deposito un beso en mi frente. Me quede con una extraña sensación en mi pecho y no entendía a que se debía. Pero no tuve mucho tiempo de pensar en ello ya que enseguida habían entrado Romi y Lore. Charlamos un poco hasta que la enfermera les indicó que había finalizado el horario de visitas.

El resto del día me hicieron algunos chequeos y análisis para corroborar mi estado. Pronto había llegado la noche y mis padres volvieron a entrar en la habitación. Estuvieron un ratito conmigo y luego se marcharon para dejar pasar a Meli. Ella estaba muy angustiada por mí, nos abrazamos como pudimos y charlamos un poco.

Por último, entró Sandra, ella también se veía algo triste y se emocionó mucho al verme.

—Hola Ani —dijo depositando un beso en mi mejilla.

—Hola Sandra.

—¿Cómo estás?

—Un poco mejor, aunque algo cansada, fue un largo día.

—Me imagino, no te preocupes, no voy a quitarte mucho tiempo.

—No hay problema, me gusta verte aquí.

—Y a mí me gusta verte mejor.

—¿Esta Ger afuera?

Note como su gesto cambiaba, estaba segura que tenía algo que decirme y que no me iba a gustar para nada escucharlo.

—Ana, él no va a poder venir.

—¿Se quedo descansando? —pregunté aun sabiendo que ese no era el verdadero motivo.

—No, él... —Agacho la mirada—. Él se fue.

—¿Se fue? —pregunte con la voz temblorosa.

—Me gustaría poder decirte más pero su decisión también fue una sorpresa para mí. Prometió llamarme y también me dejo esta carta para vos —dijo entregándome un sobre.

Sentí una gran opresión en mi pecho y mis ojos no tardaron en humedecerse. No podía creerlo. Se había marchado. Me había dejado.


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Capítulo 2/3 de la maratón.

Parece que ahora que Ana despertó, Ger decidió cumplir con su juramento.

En un rato subo el tercer y último capítulo...de la maratón  ;) 



Lo juroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora