Recuerdo que era viernes, con Ana solíamos quedar después de clases para ver alguna peli, ya sea en alguna de nuestras casas o en el cine. Ese día no la había visto en el colegio, supuse que se había enfermado o algo así. Ni bien salí me dirigí a su casa, de camino alquilé una película de terror que me habían dicho que estaba muy buena.
Cuando llegue me abrió Sergio, quien me hizo pasar luego de saludarme con un amistoso beso en el cachete.
—Hola Ger ¿Cómo estás?
—Muy bien, gracias ¿Vos?
—Todo bien por suerte.
—Me alegro ¿Esta An?
—Sí, está arriba, hoy no se sentía muy bien, por eso no fue al cole.
—Me imaginé ¿Puedo subir?
—Por supuesto, está en su habitación, ya conoces el camino.
Subí las escaleras de dos en dos, luego gire a mi izquierda y me acerque hasta la primera puerta que había en el pasillo. Golpee dos veces y entreabrí un poco la puerta por las dudas de que An no estuviera presentable.
—An, soy yo.
Las luces de la habitación estaban apagadas y la persiana baja, pensé que quizás estaba descansando. Termine de abrir y entre, cerrando la puerta tras de mí. La iluminación era prácticamente nula, pero conocía esa habitación como a la palma de mi mano. Di pequeños pasos mientras mis ojos se acostumbraban a la penumbra.
Logre distinguir la silueta de An en la cama, por lo que me acerque hasta estar a un costado suyo. Estaba de espaldas a mí, estiré mi mano para encender la luz de la mesita, pero antes de siquiera alcanzarla escuché un pequeño sollozo.
—No lo hagas —me pidió en un susurro.
Quizás estaba muy enferma y quería evitar que la viera en ese estado. Pero yo la había visto de todas las formas posibles y sinceramente, sin importar como se viera, me parecía la criatura más hermosa del mundo.
—Tranquila, no voy a asustarme por tu aspecto.
—Andate —dijo cortante.
Eso me extraño bastante.
—Peque, en serio, no me importa si...
—¡Andate!
Su grito me tomo por sorpresa, jamás me había tratado de esa forma.
—¿Qué ocurre?
Intente sentarme en la cama, pero ella me freno en seco.
—No te acerques, no quiero verte ahora —dijo entre sollozos.
Sus palabras me dolían, no entendía que pasaba.
—An, por favor, decime que te pasa.
Un incómodo silencio había invadido la habitación. Solo se podía escuchar su respiración entrecortada por el llanto. Me estaba desesperando lentamente, quería abrasarla, quería consolarla y limpiar sus lágrimas.
—No me siento bien, solo... dejame sola. Por favor.
—¿Segura que es eso?
Pregunte muy poco convencido por sus palabras.
—Si, mañana hablamos.
Dude unos segundos antes de decidir respetar su decisión, me incline un poco y deposite un beso en su cabeza. Luego, salí de la habitación cerrando lentamente la puerta. Me quede parado en el pasillo durante unos segundos sintiendo una extraña sensación en el pecho. Era la primera vez que me echaba de su lado, la primera vez que no me dejaba consolarla. Ni siquiera cuando le vino el asunto por primera vez había actuado así conmigo.
Baje lentamente las escaleras perdido en mis pensamientos, cuando llegue a la planta baja me encontré con Andrea saliendo de la cocina.
—¿Todo bien? ¿Por qué esa cara?
—An no quiso recibirme, estaba llorando... me echo.
Una extraña expresión atravesó el rostro de su mamá, haciendo que me sintiera extrañamente culpable.
—No quiero entrometerme entre ustedes, pero creo saber lo que sucede.
—¿Qué es? —pregunte desesperado.
—Ayer vino a visitarla una compañera del cole, Sofía se llamaba. —Trague saliva instintivamente—. Estuvo solo unos minutos y luego de que se fue An no quiso bajar a cenar, se excusó diciendo que no se sentía bien. Por la noche la escuche llorar, me acerque a su habitación para ver que ocurría y si bien no me dijo nada, supe de inmediato el motivo por el cual sufría.
Yo estaba estupefacto escuchándola, no podía parar de preguntarme qué le había dicho esa zorra. Unas inmensas ganas de subir y exigirle que me escuchara me invadieron, pero no pude hacer ni un movimiento ya que Andrea me agarro del brazo.
—Ger, necesita estar sola.
—Pero necesito explicarle, necesito hablar con ella —dije algo desesperado.
—Estoy segura de que sí, pero este no es un buen momento, te lo digo como su mamá y también como mujer. Llamala mañana, seguro va a estar mejor y te va a querer hablar.
Deje salir un suspiro de frustración.
—Está bien —respondí resignado.
Salí de su casa y caminé las cuadras que separaban la suya de la mía en completo silencio. Miles de hipótesis cruzaban mi mente sobre lo que le podría haber contado Sofía. Pero no importaba lo que le había dicho, lo que importaba era que la había decepcionado. La había hecho llorar.
Al día siguiente la llame y como su madre me dijo, me atendió. Pero pude notar algo distinto en su voz, no sonaba tan feliz como siempre cuando hablábamos. Me dijo que todavía se sentía mal y que mejor nos veíamos el lunes en clases. Ese fin de semana había sido un infierno para mí, estaba desesperado por hablar con ella. Tampoco había podido ubicar a la causante de todo este desastre, no aparecía por ningún lado.
Cuando llego el lunes fui uno de los primeros en llegar a clases, jamás había sido tan puntual en mi vida. Me senté en mi escritorio y esperé que llegara An mientras me carcomían los nervios. El aula se había comenzó a llenar lentamente, pero ella no entraba por aquella puerta que no había podido dejar de observar durante los largos minutos que me había encontrado ahí.
Cuando faltaban unos cinco minutos para que tocaran el timbre de comienzo de clase apareció. Ni bien nuestras miradas se cruzaron pude notar que algo había cambiado, me miro con decepción. Se sentó a mi lado como siempre y me dedico una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—An, yo...
—No digas nada... —interrumpió mis palabras.
—Pero quiero explicarte...
—No hace falta, no hay nada que explicar.
—No quiero que estés enojada conmigo.
—No lo estoy.
—No te creo.
—Te juro que no lo estoy.
—Como digas, yo solo quería pedirte perdón por decepcionarte.
Ella me miró fijo, en sus ojos vi tristeza. Luego volvió su atención a la profesora que acababa de entrar. Mucho tiempo después entendí que lo que ella sintió en ese entonces no fue odio, sino un profundo dolor. Le había roto el corazón.
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Hola!! acá la segunda parte como lo prometí :)
Espero sus votos y comentarios!! :)
Saluditos!!
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Lo juro
RomanceGermán y Anabelle han sido amigos toda la vida y sí, se aman, pero ambos temen que ese amor los destruya y los separe para siempre. Llevan años jugando con fuego, jurándose que nada va a destruir su amistad, pero sus caminos están a punto de separas...
