Ese fin de semana se me hizo demasiado corto, pronto había llegado el domingo y Anabelle se tuvo que marchar ya que debía trabajar al día siguiente. Yo todavía me tenía quedar dos semanas más, ya que debía presentar mi proyecto en un concurso que organizaba mi facultad y también estaba lo de la reunión con la empresa multinacional.
En el concurso obtuve el primer premio, estaba realmente emocionado y contento. Eso no hizo más que influirme confianza, lo cual se notó el día que nos reunimos con la gente de GNM Construcciones. Ellos quedaron realmente impactados e interesados en mi proyecto. Lo consideraron altamente viable y quedaron en llamarme para una posible presentación en la sede de Portugal.
Eso me había dado mucho que pensar, porque si el proyecto era aprobado para ser llevado a cabo debía movilizarme a ese país. Eso implicaba dejar a mi madre, a mis amigos y a ella. No es que tuviera que irme a vivir permanentemente allí, pero el proyecto iba a llevarme por lo menos un par de años. No quería alejarme de Ana durante tanto tiempo, me daba miedo perderla. Y esa fue una revelación que me hizo tambalearme.
No quería que alguien más se ganara su corazón, que alguien más ocupara el lugar que yo debía ocupar. Con todas esas ideas en mi cabeza decidí finalmente hacerle frente a mis sentimientos. La amaba, no había duda de ello y ese era motivo suficiente para hacer a un lado todos mis estúpidos miedos. Decidí que hablaría con ella en cuanto volviera.
No estaba del todo seguro de que iba a decirme, era evidente que tenía sentimientos hacia mí, podía notarlo cada vez que estábamos juntos. Solo rezaba porque me diera una oportunidad, para que me dejara demostrarle que tan serios eran mís sentimientos por ella.
Llegué a la casa de mi mamá un sábado por la tarde, eso de volver a mi antigua casa era provisorio hasta que decidiera que hacer de mí vida. Todo dependía de lo que sucediera con An. Habíamos quedado en salir todos juntos esa noche aprovechando que Mauro y Melisa también estaban en la ciudad.
Como era ya una costumbre, las copas comenzaron a rondar ni bien llegamos al bar. Nos pusimos al día con nuestras vidas y brindamos por mis recientes logros. Esa noche Anabelle se veía realmente hermosa, llevaba un vestido color rojo que se ajustaba a sus curvas como un guante. No podía dejar de mirarla, estaba embelesado.
Para las tres de la mañana estábamos todos cansados ¿Dónde había quedado toda nuestra juventud? Decidimos dar por acabada la noche, nos despedimos en la puerta y cada uno tomo su camino. Yo había decidido llevar a Ana a su apartamento y así poder hablar con ella, no quería perder ni un sólo segundo más. Debía tomar muchas decisiones en los próximos días y todas dependían de lo que pasara entre nosotros.
Yo no había tomado tanto como los demás, no quería arriesgarme a tener un accidente. Mientras íbamos rumbo a su departamento no podía dejar de observarla, ella miraba distraída por la ventana. ¿Sería capaz de pasar el resto de mi vida junto a ella? Porque sabía que si le confesaba mi amor eso era lo que iba a suceder.
Todo ocurrió demasiado rápido, iba totalmente perdido en mis pensamientos, no puede verlo hasta que fue demasiado tarde. Un auto venía a alta velocidad en contramano del lado derecho, llevaba las luces apagadas lo que evito que lo detectara a tiempo. De un momento al otro oí el ruido de rudas chillando sobre el asfalto, sentí el golpe y un fuerte ruido a metal retorciéndose.
Mi auto comenzó a girar sobre su eje haciendo que mi vista se nublara y que el estómago se revolviera. El Airbag se había accionado y me había golpeado fuerte en el rostro. Segundos después el auto se detuvo y mi primera reacción fue girarme hacia Ana. Ambos llevábamos el cinturón puesto, pero eso no era garantía de nada.
Logre desabrocharme el cinturón y sacarme la bolsa del Airbag de encima. Me acerqué como pude a ella, quién se encontraba quieta con su cabeza colgando hacia afuera de la ventanilla. El golpe había sido de su lado y había reventado el vidrio, dejando los restos esparcidos por todos lados.
—Ana —susurre temeroso—. An...
No quería tocarla, tenía miedo de moverá y provocarle más daño. Ella no se movía y desde donde estaba podía ver que su rostro estaba todo ensangrentado.
—Dios no... An... por favor... no...
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Hola!! Les dejo otro capítulo!!
Este se lo dedico a @GeorUB , gracias por leer mi historia :)
Saluditos!!!
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Lo juro
RomanceGermán y Anabelle han sido amigos toda la vida y sí, se aman, pero ambos temen que ese amor los destruya y los separe para siempre. Llevan años jugando con fuego, jurándose que nada va a destruir su amistad, pero sus caminos están a punto de separas...
