-Capitulo 8-

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-Paloma-

Cuelgo el teléfono y me quedo pensando en lo que acababa de escuchar. Tengo la cabeza llena de preguntas, pero nadie que me las responda. Yo no podía, era una persona la cual siempre se preguntaba por todo, pero siempre le costaba responder.

Tenía ganas de hacer algo al respecto, llamar a Ezequiel y decirle todo lo que pensaba, pero no lo iba a hacer, porque sabía que las consecuencias irían a Franco. Por haberme contado. Podía ir a su casa y hablar con su madre, pero Franco no me hablaría más, se enojaría para siempre.

Lo que pensaba sobre Ezequiel no era lo de siempre. Un chico el cual me daba lástima por su historia, sino, estaba desilusionada por lo que había hecho. Por lo que le hizo a uno de sus viejos amigos. Si yo fuese Franco no lo hubiese protegido.

¿Por qué Franco cubrió a Ezequiel? ¿Tenía un plan?

¿Por qué yo no estuve allí? ¿Por qué me fui rápido? Yo los hubiese convencido de que no se hagan daño, podría haber hecho cualquier cosa con tal de que mis palabras los ayudaran a ambos. Conociendo a Ezequiel, como a Franco, desde chicos, sentía que al hacerse daño no sabían lo que hacían, pero después las cosas tomarían su forma.

Abro mi placar y busco una caja que guardaba en uno de los rincones. Una caja con recuerdo de cuando era pequeña. La abro y saco la primera foto, la que siempre veía. Tres personitas abrazándose, tres amigos felices de estar juntos. Franco, Ezequiel y yo. Esa imagen debía durar pasa siempre, nunca nos tuviésemos que haber distanciado. Pero pasó y a esto llegamos.

Los momentos felices no duran para siempre, pero había una razón la cual se desconocía, siempre era igual. Franco no se acordaba de este momento, el tenia la foto, pero seguro no la había encontrado todavía. ¿Tenía que recordarles a ambos esto? Creo que no, dejaré que se den cuenta solos. Pero en cuando las cosas empeoren y esto tarde tendría que intervenir.

Franco nunca fue una mala persona, Ezequiel tampoco, pero el siempre buscaba descargarse con todo lo que vivía. Imágenes llegan a mi cabeza de solo pensar en todo lo que le han hecho a Fran, me veo en ese lugar, caigo al suelo en el momento en el que veo su rostro, su nariz sangrando, su cuello con moretones. Verlo a él totalmente destruido y solo. La imagen de él en el suelo me lastima. Sufro al verlo sufrir, al mismo tiempo, frente a él, Ezequiel riéndose y escapando.

Sola, en el piso de mi habitación me agarro la cabeza y empiezo a llorar, a llorar por él. Por todo lo que le estaba pasando. Escucho un ruido y me asusto. Estaba en otro lugar, no en mi cuarto. Cuatro paredes de ladrillos, sucias, tachos de basura, humedad. Un callejón sin salida.

Me levanto. Desde la otra punta veo a un chico, sentado, con la espalda pegada a la pared. Creo saber quién es, pero me aterra saber la verdad. Empiezo a caminar hacia él. Al llegar lo toco, estaba inmóvil. Trato de hablarle pero escucho un ruido detrás de mí, me doy vuelta y no había nadie. Vuelvo a ver a Franco y no estaba. Había desaparecido. Un fuerte estruendo se escucha, las paredes comienzan a cerrarse de lado a lado, al igual que el techo, el cual desciende, dejándome acorralada, comienzo a desesperarme, no puedo respirar.

No tenía ni entrada ni salida. Estaba atrapada, me pego a la pared y pego un fuerte grito. Las paredes comienzan a moverse y a agrietarse como si estuviese pasando un terremoto. Se destruye todo y cae sobre mí, me cubro para que nada me hiciera daño, pero una mano me agarra haciendo que todo desaparezca. Arrastrándome devuelta a mi mundo.

_ ¿Hija estas bien? _me pregunta mi madre, después de escucharme gritar.

_ ¿Qué? _con lágrimas en los ojos. Sobresaltada. _Tuve una visión_.

_ ¿Una visión? _confundida. _ ¿Estás segura Palo? _.

_Hay gente que las tiene, debo de haberlo heredado de alguien_ parándome.

_ No creo que alguien de la familia tenga visiones_ me responde.

_A veces son predicciones. Puedo ver cosas que pasan, pero no siempre_.

_Desde el primer momento que te pasó me tuvieses que haber comentado esto ¿Queres compartirlo? _.

_No_ respondo. _Enserio, gracias_.

_Tranquila_ me dice. Después me da un beso en mi frente. _Sea lo que sea no debe ser real_.

Luego se da media vuelta y sale del cuarto.

_Sí que lo es_ susurro, después de tomar la foto que estaba viendo antes. _Y tengo miedo de que pueda a llegar a pasar_.

Ni hoy, ni mañana, pero el final estaba cerca y podía impedirlo.

Tenía que empezar a controlarme con lo que soñaba o imaginaba, porque en algún momento podía herir a alguien.

¿Tengo un problema? ¿Debo cuidar mis sueños y visiones?

Tal vez si, tal vez no. Pero la próxima vez que soñara algo así trataría de olvidarlo. Más bien, espero que no haya una próxima vez, o esto puede empeorar. Lo sentía dentro, una sensación la cual trataba de advertirme algo.

Algo desconocido, algo que sentí cuando vi a Franco, inmóvil en el suelo.

SIN SALIDADonde viven las historias. Descúbrelo ahora