Las semanas pasaban inexorables entre días tristes y agobiantes y noches de pasión extrema. Al amanecer siempre Francisco se despedía y ella se quedaba llorando desconsolada sobre su almohada. Las ojeras se hacían cada vez más evidentes y Aurora empezaba a preocuparse por ella seriamente. Adela estaba descubriendo que el amor dolía y dolía mucho.
"¿No se supone que el verdadero amor no duele?" Se preguntaba ella mientras regaba las rosas del jardín trasero. Miró las hermosas flores, las enredaderas que trepaban por los muros cubriendo las paredes.
Por estar pensando en él estaba dejando de disfrutar de la belleza del lugar. Las rosas inundaron sus fosas nasales con su intenso perfume. Miró hacía el cielo y volvió a pensar:
"Perdóname Dios pero no soy feliz, amarle no me hace feliz, no me da paz."
Iba a empezar a podar cuando una mano tapo su boca, le dieron la vuelta y Francisco se apoderó de su boca con ansia.
Él con anhelo levantó su hábito y ella enredó las piernas en su cintura, siguieron besándose con ansiedad y codicia. Adela habló sin separar la boca de la suya:
-Estás loco Fran.-
-Por ti, necesito estar dentro de tu cuerpo a todas horas.-
-Pues date prisa.- Pidió ella ahogando un gemido cuando notó que él la penetraba de un golpe, la espalda de Adela chocó con la pared.
En ese mes de aquella pecaminosa relación, habían perdido la vergüenza y cada vez se sentían más agusto juntos, conocían el cuerpo ajeno como si fuera el propio.
Él sabía que para precipitarla en el abismo del orgasmo tenía que apretar su pequeño botón, así que metió las manos entre sus cuerpos y presionó. La besó para tragarse el grito que pronto lanzaría. Pujó con violencia y fervor y después de que ella se contrajera y se dejara llevar hacía el paraíso. Le tocó su turno de seguirla.
Se dejaron arrastrar hasta el suelo agotados. No se dieron mucho tiempo para recuperar la energía que habían perdido, se arreglaron rápidamente las ropas.
Francisco tiró de su brazo para acercarla a él y darle un beso primitivo lleno de promesas y por primera vez lo dijo:
-Te amo, te amo como jamás amé nada. Espérame esta noche.- Dijo contra su boca.
Adela se quedó muda y de repente mientras lo observaba marchar su pecho se hinchó de felicidad pura. Ella había sido su primera vez, su primer amor. Pero la felicidad se pinchó como un globo cuando se dio cuenta de que quizá nunca podrían gritar ese amor fuera de los muros de aquel hogar opresor. Lo único que tenían eran esos momentos de placer robados cuando él podía colarse en su habitación. Momentos de lujuria mal contenida.
Se abanicó y empezó su tarea, tal vez se llevara una buena bronca por retrasarse, pero ya no le importaba. Solo deseaba dar el tiempo para atrás y que todas las cosas que habían sucedido desaparecieran.
Por la noche se sentó en la pequeña banqueta de su cuarto para cepillarse el largo pelo castaño, Francisco tardaba, normalmente a esas horas ya estaban amándose con desespero sobre el colchón. Se estaba trenzando el cabello cuando la puerta se abrió chirriando. No dejó de peinarse, le observó como cerraba con el cerrojo.
Francisco la observó mientras hacía esa sencilla tarea, se excitó viéndola, ella era tan hermosa y sensual e inocente que lo volvía loco.
Se arrodilló a su lado y sin dejar de mirarla hizo resbalar los tirantes de su camisón blanco para dejar sus pechos al aire.
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PECADO TERRENAL
RomanceElla quiso huir de su padre, del compromiso que quería imponerle. Entonces tomó la decisión más fácil. Él es un hombre con unas fuertes convicciones morales. Ninguno conoce el amor, ni el deseo. Dios decide que se conozcan. Saltarán chispas. Tendrán...
