De repente ver a la arpía de su tía se le hizo insoportable, no tenía ganas en absoluto de esperarla. Así que se inventó un ataque de hambre para esperar en la cafetería.
Su madre no objetó nada aunque sabía que el ataque de hambre de su hija era ficticio.
Adela llegó a la cafetería del hospital y se pidió un café con leche con unos donuts. Para entretenerse cogió un periódico. Hacía tanto tiempo que no sabía nada del mundo exterior.
Se sorprendió con las últimas noticias y los últimos cambios de un país en variación constante. De repente extrañó una vida fuera de los muros del convento. Dejó volar su imaginación y se imaginó en una universidad cualquiera estudiando lo que siempre había soñado. Antes quería ser una gran enfermera. Hasta que las maquinaciones de su "padre" la alcanzaron y tuvo que tomar una decisión apurada.
Manuela llegó con aspecto cansado y se reunió con su hija pero antes de insistirle para ir a casa se tomó una manzanilla con anís.
Después la limusina las recogió en la puerta, Adela saludo entusiasmada al viejo conductor de la familia y se acomodó en los asientos de cuero.
Observó todo como si fuera la primera vez que lo veía, se había acostumbrado a la calma y al sosiego de su nuevo hogar.
Cuando llegaron a la enorme mansión tan lujosa y ostentosa arrugó la nariz. Ya aquella vida no iba con ella.
-Hija ¿te molesta si me doy primero un baño? Además necesito dormir un poco.- Preguntó Manuela.
-Vale.- Accedió Adela de mala gana, la curiosidad estaba pudiendo con ella.
Siguió a su madre por las escalinatas de suelo de mármol gris brillante y barandillas de yeso blanco. Cada una se encerró en un dormitorio diferente. Adela se sintió como una niña de nuevo en aquella habitación de muebles blancos y paredes rosas. Definitivamente no se sentía agusto. Pero no estaría muchos días. Así que dejó la mochila encima de la cama sobre la colcha blanca.
Bajó a la cocina para prepararse un té, se sentó en un taburete con la humeante taza en las manos.
-¡Señorita! ¿Por qué no llamó para que se le sirviera la bebida?- Preguntó escandalizada la cocinera.
-Berta ya no soy la que se marchó de aquí hace tiempo, ya no soy aquella que no hacía nada. Ahora vivo en un lugar en el que tengo que trabajar como todas las demás. Y madrugar mucho.- Contestó ella restando importancia a la preocupación de la sirvienta.
A pesar de las protestas la ayudó a preparar la comida y ayudó a limpiar, necesitaba sentirse útil. Cuando dio por terminado el trabajo llamó a una de sus mejores amigas para avisarla que estaba de visita, le gustaría mucho verla, a ella y a las demás.
Fue hasta la sala y se sentó en el sillón, alargó la mano hacía el teléfono y marcó el número que aún conservaba en la memoria.
-Hola Margot. ¿Qué tal?- Preguntó Adela.
-¿Con quién hablo?- Preguntó a su vez Margot.
-¿Ya tan pronto has olvidado a tu mejor amiga?-
-¿Adela? Jolín como extrañé oír tu voz. ¿A qué debo el honor de tan extraña llamada?-
-Estoy de visita en la ciudad y me gustaría verte antes de volver al convento. No estaré muchos días quizá solo este hoy y mañana.- Respondió Adela con voz triste.
-Reuniré a todas, aunque nos pillas en épocas de exámenes. Me imagino que habrás venido por tu padre así que mejor nos vemos en la cafetería del hospital a las doce. ¿Te viene bien?-
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PECADO TERRENAL
RomanceElla quiso huir de su padre, del compromiso que quería imponerle. Entonces tomó la decisión más fácil. Él es un hombre con unas fuertes convicciones morales. Ninguno conoce el amor, ni el deseo. Dios decide que se conozcan. Saltarán chispas. Tendrán...
