Unos gritos despertaron a Adela que se despertó desorientada, Raúl no estaba a su lado. En medio de tanto ruido distinguió la voz de su padre y la de ¿Raúl?
Frunciendo el ceño se levantó ignorando el mareo que sintió, se rascó la cabeza y fue derecha a su armario pero no sabía cómo vestirse, abrió la ventana y vio que lucía el sol. Entonces se decidió por un vestido que no fuera de lana. Se sorprendió a sí misma no queriendo llevar colores oscuros como solía ser habitual. Eligió un vestido pin up de color verde botella.
La pelea abajo se fue intensificando, así que optó por hacerse una coleta sin cepillarse el pelo. Se calzó, sus viejas bailarinas y una chaqueta larga de lana negra.
Se apresuró en bajar para preguntar que era lo que pasaba, estaba casi segura que era su padre el que peleaba con Raúl.
Lo que oyó al entrar en su cocina hizo que se quedara paralizada, su madre corrió a sostenerla. Para ella era una verdad difícil de aceptar porque no podía encajar al Raúl que ella conocía con el de esa incomoda verdad.
-¿Es eso verdad?- Preguntó extrañándose ella misma de lo firme que había sonado su voz.
-Quizá debamos hablar en privado.- Contestó Raúl negándose a hablar con Adela delante de tanta gente.
-Solo quiero una respuesta Raúl. Me siento, ¡diablos! No sé cómo me siento. Pero no esperaba oír eso. ¿Entiendes que lo que acabo de escuchar hace que sienta dudas?- Replicó ella esta vez su voz si traslucía la desilusión que sentía.
-Lo entiendo, pero quiero que quede claro que te quiero, que te amo. ¿Qué necesitas para convencerte de ello?- Preguntó Raúl dolido.
-Necesito pensar, asimilar.- Contestó ella sin dudar.
-Solo te doy dos días luego vendré por ti. Por vosotros.- Advirtió él saliendo del lugar.
Cuando Adela oyó que la puerta se cerraba sintió como si su corazón también lo hiciera. No se permitió llorar, no delante de las tres personas que la miraban con lástima.
Su padre se acercó a ella con intenciones de hablar, de contarle, pero Adela se negó. No quería saber. Solo quería pensar y estar sola.
Ruth lo sabía y la entendía, pero tenían que decirle un par de cosas antes de dejarla en soledad.
-Hija, si no me mires así. Pero quiero enterrar mi hacha de guerra. Solo quiero decirte que no juzgues por errores del pasado. Piensa solo en ti y en él, en esa relación que recién empieza. El pasado quedó atrás hace mucho tiempo.- Aconsejó Ruth llamándola hija por primera vez.
-Siéntate cariño quiero decirte una cosa.- Ordenó Javier.
Adela obedeció de mala gana, solo tenía ganas de mandarlos a todos a paseo y quedarse sola para pensar. Y no tenía que pensar en ella sola.
Manuela le puso delante una infusión de frutas para que se la tomara mientras escuchaba a su padre.
-En el hospital me han hecho todo tipo de pruebas y no encuentran nada del cáncer. Llamémoslo milagro o como quieras. Pero estoy curado hija. Entonces he decidido darle un nuevo sentido a mi vida. Tenemos que hacernos esa prueba para poder reconocerte como mi hija legalmente. Eso lo primero. No más secretos, no más. Entonces lo segundo es que me quiero casar con Ruth. Darle legalidad a esta relación de tantos años. Quiero que mi hija sea la madrina y aunque no somos muy religiosos quería cumplir el sueño de Ruth de adolescencia. Entrar en una iglesia vestida de blanco. Santiago sería el padrino.- Informó Javier de un tirón dejando a Adela entre sorprendida y feliz.
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PECADO TERRENAL
RomansaElla quiso huir de su padre, del compromiso que quería imponerle. Entonces tomó la decisión más fácil. Él es un hombre con unas fuertes convicciones morales. Ninguno conoce el amor, ni el deseo. Dios decide que se conozcan. Saltarán chispas. Tendrán...
