La habitación de Adela se llenó de un intenso perfume que la hizo despertarse, se inclinó un poco y vio a su madre sentarse a su lado en la cama. Estornudó molesta por tan penetrante olor.
-Oh cielo olvidé que estás embarazada, este perfume también me hacía estornudar contigo.- Dijo Manuela sonriendo y acariciando su melena.
-¿Qué hora es mamá?- Preguntó bostezando, todavía parecía que se veía oscuro.
-Las seis de la mañana, Roberto tiene un juicio mañana y tiene que marcharse para prepararlo. Quiere despedirse de ti. ¿Puedes bajar?- Preguntó con dulzura.
Adela reprimiendo una maldición le pidió a su madre intimidad para poder cambiarse de ropa, esa mañana solo le apetecía seguir durmiendo.
-Toma bebe, aquí te tengo un regalo, quiero que te modernices un poco. Siempre llevando esa ropa anticuada. Tranquila no tiene escotes ni es demasiado corto. Ahora sí, te dejo para que te cambies.- Dijo Manuela saliendo de la habitación.
Adela resopló y se levantó, hizo la cama y miró dentro de la bolsa. Un precioso vestido de pin up para embarazadas la aguardaba. Se quitó su virginal camisón blanco y se vistió.
Se miró en el espejo de cuerpo entero que tenía en la habitación y se sintió guapa. Sentándose en la cama se cepillo el pelo y se hizo una trenza.
Volvió a mirar dentro de la bolsa y vio unos zapatos negros y blancos con poco tacón, se calzó, cogió su bolso y su teléfono móvil y bajó a la cocina.
Su madre había traído churros y buñuelos de crema y chocolate, negó con la cabeza sonriendo. Manuela no estaba acostumbrada a hacer nada por sí misma.
Se sentó a desayunar acompañada de Roberto y su mamá, comieron en silencio. Pero Adela casi se atraganta cuando Manuela le dijo los planes que tenía.
-Hija, Roberto y yo queremos hacerte un regalo. Y hemos pensado que el mejor regalo es reformar este viejo sitio para hacerte una buena casa.-
Se levantó sin decir nada y salió para pasearse por el bar, tan vacio y silencioso. En cada mesa, en cada rincón podía oír las risas de antaño.
Miró hacía la barra y podía ver a Fermín regentando su negocio con una sonrisa en la cara, con felicidad y orgullo.
Llamó a su viejo jefe y le informó de los planes de su madre. Ella esperaba que se enfadara, que se pusiera triste, pero en cambio la animó a aceptar el cambio. Total los viejos tiempos no volverían.
Más animada y tranquila volvió a la cocina para terminar de desayunar y aceptar los planes de Manuela.
-Acepto vuestro regalo mamá pero con una condición, no quiero que toquéis la planta de arriba. Ni la azotea. Me gusta como esta con ese aire retro y antiguo. No quiero que eso cambie. ¡Ah! Y nada de lujos ni cosas exageradas.- Pidió Adela mirando a su madre.
-No entiendo ese empeño por dejar la planta de arriba como esta. Pero lo respeto.- Comentó Manuela.
-Que quede claro que quiero algo sencillo y habitable. No un museo.- Volvió a repetir Adela.
-Pues venga vámonos, pon algunas cosas en una bolsa que nos vamos a un hotel. En una semana como mucho tendrás esta planta convertida en una hermosa vivienda.- Dijo decidida Manuela.
Adela de mala gana obedeció, no le gustaba dejar su casa pero era mejor seguirle la corriente a su madre. No quería discutir con ella.
Como era de esperar la llevó a un hotel de cinco estrellas que tenía circuito termal, tenía reservada una tarde de peluquería, spa y compras. Suspiró desganada, nunca le había llamado la atención ninguna de esas cosas.
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PECADO TERRENAL
RomanceElla quiso huir de su padre, del compromiso que quería imponerle. Entonces tomó la decisión más fácil. Él es un hombre con unas fuertes convicciones morales. Ninguno conoce el amor, ni el deseo. Dios decide que se conozcan. Saltarán chispas. Tendrán...
