Los nervios se comían a Fátima. Está a punto de salir a escena Rebeca, los hombres la aclaman y, Fátima no tiene ni puta idea de cómo subirse a un tubo. Su hombre interior vio durante su vida, muchas veces, a muchas mujeres (entre ellas a Fátima), colgadas del tubo pero no sabía cómo colgarse.
-Rebeca, debo confesarte algo. Le tengo miedo a los tubos. No sé cómo subirme y siento que voy a caer de cabeza.
-¿Caerte? Diablos Fátima, yo he escuchado de muertes horribles para mujeres como tú y como yo pero, jamás he escuchado de una chica que se haya matado por caerse de cabeza del tubo.
-Pues tal vez yo sea la primera. En verdad Rebeca, le temo a esas cosas, siento pánico escénico.
-Ya dime la verdad Fátima, ¿qué quieres conseguir fingiendo amnesia? -le pregunto Rebeca, esperando solo a que el voceador la llamara a la pista, acompañada de una peculiar silbatina y aplausos lujuriosos. -Si la semana pasada te colgabas hasta sin manos.
-Pues sí pero, ya no quiero hacerlo.
-Pues mira chula, piénsalo dos veces. Al menos hoy ya tienes que salir a escena y yo no me pienso disfrazar de ti. Así que te sugiera que cuando salgas, si no quieres subirte al tubo, solo báilales muy sensualmente mientras te quitas la ropa. Recuerda el sostén, los hombres enloquecen cuando te quitas el sostén. Hondéalo un instante en el aire mientras buscas a tu presa, busca al hombre que tenga facha de ser el más pudiente de todos y a ese arrójaselo -Rebeca sonaba muy entusiasmada por lo que le decía, como si estuviera emocionada por salir a escena. -Uy ya me imagino, te arrojara billetes a la pista.
A continuación con ustedes... ¡Rebeca!
-Ay Dios, esa soy yo -dijo Rebeca despidiéndose con un beso en la mejilla de Fátima. -Ah, por cierto, cuando vayas a recoger los billetes, procura agacharte de tal forma que el culo casi le rose las narices al tipo, entendido. ¡Suerte!
Salió a escena y enseguida la silbatina y los aplausos atestaron el burdel. Fátima camino desesperada en el camerino. Su rostro denotaba preocupación y tristeza. Pedro volvió a aparecer.
-Mírala -le dijo a Fátima, señalando a Rebeca. -Humillándose frente a un puñado de hombres precoces e infieles que buscan el placer en unos labios ajenos... y sabes a qué labios me refiero.
-No puede ser. Debería ser un crimen abrir un burdel como este.
-Claro, lo dices tú que no disfrutas de un burdel como este. ¿Pero dime, como te encontrabas hace un año, tú y tu amigo Octavio, justo en ese asiento? -le señalo la mesa donde se habían sentado. -Estaban felices. Entonces me supongo que tú y Octavio serian parte de este crimen.
-Está bien, esto querías que pagara, ya lo pague. Es suficiente, regrésame a mi cuerpo, al de Julián, o regrésame al purgatorio, a seguir vagando por las calles. Estoy harto de esta miseria.
-Esta miseria es parte del aprendizaje de lo que quería que pagaras pero no, realmente no es lo que debes pagar -suena la voz del voceador anunciando la salida de Fátima y la euforia del público. -Escuchaste eso, ese es tu nombre. Vaya, te encantaba escuchar el nombre de Fátima en esas bocinas...
Fátima respiro hondo. Estaba nerviosa. Era cuestión de segundos para salir al escenario. Rebeca entro al camerino, sudada, es un gran ejercicio después de todo montarse en un tubo. No es tan fácil como parece.
-Vamos chula -le dijo Rebeca, palmeándole la espalda. -Tu público te aclama.
Fátima salió finalmente al escenario. Se detuvieron los segundos en ese momento. Fue como si sus latidos y su respiración se contuvieran al instante. Miro a su alrededor. Era el mismo burdel a donde había entrado una y otra vez con su amigo Octavio y del que había salido una y otra vez de la mano de Fátima, quien ahora era él. En realidad, siendo hombre, nunca se había detenido a ver cuántos hombres podían reunirse en un mismo sitio para ver a una mujer desnudándose. ¿Acaso jamás habían visto a una mujer desnuda? Pensó Fátima de todos ellos, molesta. Ahora era cuando comprendía que no debió nunca de haber entrado a un burdel.
Miro a todos ya cada uno de los asistentes. Que imbéciles, todos ustedes son unos imbéciles. Apuesto a que todos ustedes son casados y apuesto a que a todos los esperan en casa su mujer y sus hijos, apuesto a que tuvieron que mentirle a sus esposas para poder venir aquí y apostaría mi alma al diablo a que todos ustedes gastaran esta noche por lo menos lo que deberían de gastar en quince noches en sus casas. Bastardos, puercos mal nacidos, ¡lárguense de aquí!
De pronto Fátima perdió el control y hablo en voz alta, situación que el dj aprovecho para bajar el volumen de la música para que el público (y en especial Gonzalo que aguardaba sentado, en una mesa privada del segundo piso, mientras jugaba baraja con unos amigos) escucharan las muestras de valentía que a Fátima, de pronto le salieron.
-¿Quieren ver a una mujer desnuda? -todos guardaron silencio. Ella misma guardo silencio, como si pensara dos veces el resto de lo que iba a decir. -Vamos, no se queden callados, ¿quieren ver a una mujer desnuda?
¡Si, yo si quiero!
Exclamo un hombre en una de las mesas del rincón a quien Fátima le respondió de manera agresiva.
-¡Pues si quieres ver a una mujer desnuda, porque no regresas a tu casa a ver a tu puta madre mientras se ducha! -le dijo y se dio la media vuelta, rumbo al camerino. Gonzalo no lo podía creer. Lo hizo quedar como un imbécil frente a sus amigos que lo único que hicieron fue reírse de él. No pues si así te tratan tus rameras, como te tratara tu mujer. Le dijo entre risas uno de sus amigos. Gonzalo apretaba su rostro y se mordía la lengua como queriendo evitar estallar de furia. Resoplo, pero no pudo evitarlo y se levantó de la mesa, tirando las cartas de póker, el cenicero y los vasos de cristal con whisky y hielos al piso.
-Ya verás estúpida. Conmigo nadie juega de esa manera.
versi�v�/�K
ESTÁS LEYENDO
Positivo.
Roman pour AdolescentsPositivo. Ese fue el resultado de la prueba. Ser mujer no es fácil, se necesitan cojones para mirar la prueba y aceptar y resignarse a procrear el hijo de un hombre al que ya no se ama. Pero ser hombre tampoco es cosa sencilla, se necesitan mas cojo...
