Fátima y Rebeca esperaban en los asientos de la sala de espera del consultorio del ginecólogo, su turno. Fátima estaba impaciente, moviendo las piernas, con ansias. Es inútil que vengamos aquí. Se dijo, y claro, ella ya sabía el resultado de la prueba; ya tenía los síntomas y ya tenía la prueba de embarazo positiva, asistir al ginecólogo solo sería una pérdida de tiempo. O tal vez no lo sea, tal vez sea tiempo valioso para que Fátima piense bien lo que va hacer antes de que todos descubran que está embarazada, en especial, antes de que lo descubra Gonzalo.
Si por Fátima fuera, ella preferiría abortar. No tiene ningún sentimiento hacia esa creatura que ya ha sido concebida y, tampoco experimenta ninguna sensación afectuosa hacia el hombre (sea quien sea) el responsable de ese embarazo.
Enseguida sale el ginecólogo, despidiéndose de un par de jóvenes que aparentemente no rebasan los 18 años de edad y ya llevan en sus brazos a un pequeño de tal vez cuatro meses, que llora como un recién nacido. La madre luce feliz y el padre le sonríe. Mira que felices son, aun cuando no parecen tener la edad apropiada para haberse convertido en padres. Pensó Fátima, con una lagrima al borde de sus ojos.
Detrás de los jóvenes, Fátima ve aparecerse, como recargado en la pared a la imprudencia de Pedro que la sigue a todas partes. Es un gran guía, no puedo quejarme de él. Imprudente, pero un gran guía. Pedro le indica girando el cuello ligeramente, que es hora de pasar a consulta. Buenos días, pasen por favor. Las saluda afectuosamente el doctor Octavio. La última persona a quien le hubiera gustado ver en este momento en su vida a Fátima y no precisamente por los términos en que quedaron la última vez que fueron amigos sino porque, ya tuvo el placer de conocerlo siendo Julián y siendo Fátima y en ninguna de las dos circunstancias quedaron en los mejores términos.
Además, Fátima no quería que la examinara el porqué, significaría dejarse toquetear por su ex mejor amigo. Recordando que vivía dentro de ella, el alma de Julián.
-¿Porque me trajiste al consultorio del doctor Octavio? -le pregunto Fátima discretamente a Fátima.
-Bueno, no solo es un tigre sobre la cama -le sonríe, coquetonamente a Fátima. -También es un gran médico y es el doctor al que más confianza le guardo.
Octavio las recibe y, por alguna razón, Fátima siente deseos de saludarlo y de decirle: "hola, como has estado amigo".
Dentro del consultorio, Fátima se ve rodeada de un mundo diferente al que temía entrar desde su última vida. Por ello no había disfrutado de la magia que, por primera vez, veía con otros ojos, con otra perspectiva y con un pensamiento diferente. Los muñecos de felpa que el medico tenia colgados en pequeños anaqueles de madera que tal vez serian obsequios de los padres de los pequeños que habían nacido le produjeron una sonrisa; los muñecos de cerámica de bebes, le provocaron alegría y, en especial, le llamo mucho la atención, un par de osos de peluche, color rosa que se parecían mucho a los osos que guardaba en el tocador de su antigua casa, los cuales sobresalían por encima de todos los anaqueles y sintió curiosidad de preguntar el origen de ese museo de muñecos.
-Oye Octavio... -corrigió enseguida con pena. En primera instancia, había sido Julián quien, sintió la confianza de nuevo de hablar con su amigo. -...perdón, disculpe doctor Rodríguez pero tengo curiosidad, ¿Porque guarda tantos muñecos de felpa en su consultorio? Parece un museo.
-Bueno, en realidad, todos estos muñecos que ven, son obsequios.
-En verdad todos los padres de todos los niños a quienes ha recibido recuerdan traerle muñecos -añade Rebeca, admirando los osos, perros, gatos, ranas, pandas y otros animales hechos de peluche.
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Positivo.
Teen FictionPositivo. Ese fue el resultado de la prueba. Ser mujer no es fácil, se necesitan cojones para mirar la prueba y aceptar y resignarse a procrear el hijo de un hombre al que ya no se ama. Pero ser hombre tampoco es cosa sencilla, se necesitan mas cojo...
