Estaba enterrada en un sueño profundo. Me eventuraría a decir que hasta estaba roncando cuando el llanto se infiltró en mis sueños obligándome a despertar. No podía evitarlo, era el instinto maternal haciéndose presente.
Escuché a Lucian emitir sonidos que parecían muy poco humanos.
-Yo voy- logró formular antes de volver a roncar.
Sonreí con ternura y deposité un fugaz beso en sus labios.
-Claro que si- susurré antes de levantarme para ir a su cuarto.
El llanto se fue haciendo más y más fuerte conforme avanzaba; era Aiden, estaba segura. De pronto, como si hubiera estado celosa, Scarlett comenzó a llorar también obligándome a acelerar el paso.
Cuando llegué a la habitación prendí la luz y corrí hacia las cunas. Odiaba el hecho de que ya no durmieran en nuestro cuarto, pero mi madre había insistido en que tenían que comenzar a acostumbrarse y bla, bla; la verdad no le había prestado mucha atención. En cuanto estuve frente a ellos tomé primero a Aiden y luego a Scarlett y los coloqué a ambos en mis brazos (maniobra que me había tardado semanas en perfeccionar) y los arrullé esperando que fuera suficiente para calmarlos.
Como no lo fue, recurrí al plan B. Los deposité con extremo cuidado en la cuna de Scarlett y comencé a buscar las mamilas que tenía ya preparadas y -con mis nuevas habilidades de madre- me las arreglé para tomas a los dos pequeños y las mamilas y caminar de nuevo al cuarto. En algún momento del camino, ambos se habían callado, pero sabía que si no les daba de comer pronto volverían a llorar.
Por alguna razón, Lucian adoraba alimentarlos y me rogaba que lo despertara cada vez que fuera necesario hacerlo. Llegué al cuarto y prendí la luz. Acción por la cual recibí un gruñido y algó asó como "quince minutitos más" . Reí por lo bajo, coloqué a los bebés en la cama y lancé la almohada a la cabeza de Lucian que, sin esperarlo, se levantó de golpe y casi choca contra la cabecera. Al parecer, los bebés no pensaron que fuera chistoso porque comenzaron a llorar de nuevo.
Lucian se reincorporó y cachó la mamila que lancé hacia él sin ningún problema. Tomó a Scarlett entre sus brazos y comenzó a alimentarla mientras hacía caras extrañas.
-La vas a traumar- le dije en un susurro.
-Imposible.- afirmó- Soy demasiado guapo como para "traumar" a alguien.
Rodé los ojos. Con este hombre era imposible.
Tomé a Aiden de la cama y lo acomodé en mis brazos. Tenía los ojos abiertos y curiosos, tratando de absorber todo lo que sus ojos de apenas tres meses podían reconocer. Eran hermosos.
El doctor había comentado que era probable que el color cambiara de un día para otro, cosa que es muy común en los bebés, pero con mis hijos no había pasado. Mas bien, pareciera que se había vuelto incluso más intenso el color amarillo. Y cada vez que lo veía era como transportarse a otro lugar. Un lugar lleno de recuerdos y un poco de nostalgia.
Aiden tenía el pelo castaño oscuro, no sabía de dónde había salido esa tonalidad, pero aún así era hermosa. Los pómulos delicados delicados como yo. Pero las cejas, pestañas y labios eran de Sam sin duda. La forma de la cara era muy parecida a la de mi madre, con la barbilla severa pero delicada. Era hermoso y con más parecido a mi familia que Scarlett. Ella, por su parte, tenía todos los rasgos de su padre. El pelo, las pestañas, las cejas, los labios, casi todo. La única cosa en la que se podría decir que o había intervenido eran los hoyuelos que se le hacen al sonreír y los pómulos pronunciados. Eran dos bebés sanos y hermosos. Mis bebés.
----
Después de alimentar a los bebés se habían quedado dormidos y los llevamos a sus habitaciones sin mayor problema. La noche había transcurrido y sin ningún problema. Fue hasta las 10 de la mañana que me levanté y comencé a arreglarme para la junta de ese día.
ESTÁS LEYENDO
Tomada por la Bestia
WerewolfLa habitación está oscura. Trató de moverme para ver si hay alguna ventana para escapar pero las cadenas me lo impiden. Aprisionan mis tobillos y muñecas y me dejan extendida sobre la cama. Con un trozo de seda nada más cubriendo mi cuerpo. Siento c...
