Capítulo 26

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No sabía exactamente en qué momento había dejado de derramar lágrimas. Tal vez llevaba ahí sólo 5 minutos, pero se sentían como una eternidad.

En cuanto Sam se había ido, yo me había derrumbado.

Literalmente.

Caí al suelo sin fuerzas que me detuvieran y comencé a derramar lágrimas. Supongo que fueron tales que a este punto ya no tenía más que dar. Lucian había tratado de consolarme, pero definitivamente no iba a llorar la partida de Sam en los brazos de Lucian. Esto era algo que tenía que hacer yo sola. Además, sinceramente ¿quién le creería aquél acto? Seguramente él era el más feliz con aquella partida. Y ni como culparlo, al fin y al cabo era mi mate.

Cuando me convencí de que, por el momento, había sido suficiente dolor me levanté y encontré mi camino de vuelta a Lucian. Estaba sentado en lo que parecía un tronco y su mirada estaba perdida. Cuando me acerqué a él, levantó su mirada. Parecía cansado y había arrugas ahí que podía jurar no había ahí antes.

-Amanda yo... perdón- antes de que pudiera decir algo, él continuó; como si estuviera hablando sólo- No te voy a mentir, que él se haya ido me resulta favorable. Pero verte así -me miró de abajo a arriba y se detuvo en mis ojos hinchados por el llanto- verte así es lo que más dolor me puede causar en la vida. Y saber que estás así por él, por su partida...

Sus palabras se perdieron en el aire. Sabía perfectamente lo que quería decir. Pero no podía evitar, Sam realmente se había ido. Podía sentirlo. Era como si un cable que nos uniera de pronto se hubiera roto. De alguna manera, lo que nos unía ya no estaba. Al menos en mi parte lobuna, porque mi parte humana seguía queriéndolo, añorándolo. Pero para nada era lo mismo. Sabía que de alguna manera el pacto se había roto, era algo que simple te podía sentir. Lo único que me quedaba de él aran recuerdos.

Y su marca.

Esa marca que seguramente sería remplazada por una de Lucian, de mi mate.

No le mal entiendan, claro que quería estar a su lado. En unos años sería Luna de su manada, cuando él tomará el puesto de su padre, pero en este momento no tenía fuerzas.

Miré a Lucian de nuevo con la mirada perdida y entonces fue mi turno de hablar. A pesar del llanto, logré que sonara firme, sin trabarme ni sonar abatida.

-Lucian, necesito que entiendas. Lo que sentía- siento, pensé. Pero no lo diría, tenía que irme acostumbrando a la vida sin él, iba a superarlo. Tenía que ser fuerte por mí, por mi futura mandada y por Lucian.- por Sam era algo muy fuerte. -su cuerpo se tensó visiblemente- Pero ya no más. ¿Me oyes? A partir de hoy estaré a tu lado, seré tuya. A fin de cuentas- agregué con la sonrisa más auténtica que logré poner- estamos destinados, ¿o no?

(**)
Lo estaba logrando. Cada día que pasaba lograba extrañar cada vez menos a Sam. Mi loba lo había olvidado completamente (traidora) y estaba encantada de estar junto a su mate, pero mi parte humana no podía dar el último paso. El paso decisivo para dejar de pensar en él. Para deslindarse por completo. Ese paso era deshacerse de la marca. Lucian había sido respetuoso con eso. De alguna manera entendía que era el último pedazo que me quedaba de Sam y por eso, no había tratado de marcarme aún. Pero cada día podía notar como su paciencia se agotaba poco a poco y sus besos se dirigían invariablemente a aquella zona de mi cuerpo donde depositaba pequeñas "mordidas".

Por fin había conocido a la mandada.

Nunca había conocido una, ni siquiera la de Sam. Estaba siempre encerrada en aquella estúpida habitación. Y cuando veía a Lucian, bueno tampoco salimos de su casa en ninguna ocasión.

Cuando la conocí, la sentí como la familia que nunca había tenido. Esa familia que habría tenido de no haber sido por la masacre que había ocurrido.
Me habían recibido con una cálida especia de fiesta celebrando "La llegada de nuestra futura Luna". Había sido maravilloso. Comida, música, baile, más comida y gente amable y cariñosa.

Los niños corrían por todas partes persiguiéndose entre ellos o a cualquier cosa que se les atravesara en el camino. Podías ver a todos de la mano de su mate. Con ese amor incondicional reflejado en sus ojos.

¿Sería así que yo me veía cuando miraba a Lucian? Lo más probable es que sí. Mientras los recuerdos de Sam se perdían, mis sentimientos hacia Lucian crecían más y más. Realmente me estaba enamorando de él.

Ese día lo recuerdo con la sonrisa más grande planteada en su cara. No paraba de reír, sonreír y susurrarme al oído cuánto me amaba; definitivamente había sido una de las mejores noches de mi vida. Una de esas que nunca se olvidan y a las que uno recurría cuando la tristeza lo invadía.

-A partir de ahora, tu vida será así- me había dicho Lucian aquella noche; ya cuando estábamos acurrucados y listos para dormir. Estábamos frente a frente y me miraba a los ojos- estará llena de familia, de gente que te ama, de alegría. Justo lo que te mereces- terminó depositando un beso sobre mi frente justo antes de que yo me quedara dormida.

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Hola :) ¿Han notado que ya subo más seguido? Wuhu, deberían amarme. Nah, se crean, eso es mi obligación; más bien había sido una pésima persona :(

En fin, espero estén disfrutando. Mil ocho mil millones de gracias pos sus votos, son lo mejor ❤️

Pd: ya subí una segunda historia pa' que le echen un ojo.

Las quiero, adiós :D

Tomada por la BestiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora