Capítulo 21

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Me levanto por el ruido de la alarma, y siento un brazo alrededor de mi cintura. Me volteo y está Fernando dormido a mi lado, así que comienzo a darle besitos por toda la cara hasta que se despierta y se lo doy en los labios.

—Uy, pero que bonito despertar —sonríe.

—Pues, así vamos a amanecer cuando nos casemos —me pongo de pie —voy a hacer el desayuno —digo y camino a la cocina.

Ya estando en la cocina saco todo lo necesario para hacer unos panqueques. Luego de terminar, voy al cuarto y Fernando se está cambiando. Entro al baño y me doy una ducha, al salir Fernando ya está desayunando. Me pongo mi uniforme y voy a desayunar con él.

—¿Te llevo al trabajo? —pregunta Fernando cuando me siento en el comedor.

—No, tú entras mas temprano que yo, y mejor apurate que llegarás tarde —él asiente.

Me da un beso en los labios y se va. Después de terminar mi desayuno, me lavo los dientes, plancho mi cabello y lo recojo en una coleta alta, porque hace mucho calor; me maquillo (polvo, rubor y labial rojo) y me pongo los aretes. Sin la chaqueta puesta, busco los borradores y los meto en mi bolso, junto con el celular, la cartera y las llaves.

Teniendo todo listo me pongo la chaqueta y los zapatos, cierro la puerta y voy al estacionamiento, entro en el auto, lo enciendo y arranco.

Al llegar a la empresa voy enseguida a la oficina que comparto con Bruno y al parecer, él no ha llegado. Dejo el bolso en el escritorio y prendo el abanico, lo pongo directo y me siento en la silla giratoria. Me quito la chaqueta, subo las mangas de la camisa, amarro mi cabello en un tomate flojo y desabrocho los dos primeros botones de mi camisa, tengo demasiado calor. Me pongo a hacer otro borrador mientras llegaba Bruno.

—Buenos días Abigail —alzo mi cabeza.

—Buenos días —respondo seca, este calor me tiene de mal humor.

—Vaya, se nota que tienes calor —dice sonriendo y se sienta en la silla —y también que no quieres hablar, o ¿me equivoco? —pregunta y yo niego con la cabeza.

—No, no te equivocas, no tengo ánimos de estar hablando. Aquí están los borradores, ¿no hay nada más para hoy? —pregunto y él niega con la cabeza.

—No así que hoy te vas después de almuerzo —comienza a revisar los borradores, yo por otra parte me pongo a adelantar trabajo.

Entre tanto trabajo se hacen las 12:00 del medio día y salgo de la oficina, me voy a un restaurante cerca del hospital. Quiero ver a Lucas. Desde que despertó no lo he ido a ver.

Entro al restaurante y pido una lasaña de pollo y un jugo de uva, me lo como y voy al hospital.

Al llegar veo a mi madre.

—Hola mamá —le doy un beso y un abrazo, la extraño mucho.

—Hija, ¿cómo estás?¿cómo se está portando mi nieto? —pregunta y acaricia mi vientre.

—Tu nieta está bien y yo igual —ella sonríe.

—¿Será una niña? —asiento.

Ella sonríe y acaricia mi vientre.

—¿Cómo está Lucas? —pregunto y nos sentamos en las incómodas sillas de la sala.

—Está perfecto, como si no hubiese pasado nada. Ya está contando chistes y bromeando. También preguntó por ti —responde feliz.

—Entonces lo voy a ver.

Voy a la habitación de mi hermanito, cuando abro la puerta lo veo jugando con su celular muy entretenido, cuando me ve deja de jugar.

—¡Aby! Estabas perdida hermanita —camino hacia él y lo abrazo con todas mis fuerzas.

Se me escapa una lágrima.

—Lucas, no sabes cuanto te extrañé —él me suelta.

—No Aby, nada de lágrimas ya derramaron muchas por mi torpeza y ya no quiero más, mejor hablemos de otra cosa ¿si? —limpia mi lágrima.

—Está bien, Lucas.

—Cuentame, ¿cómo está mi sobrinito? —pregunta acomodándose en la cama.

—Sobrinita —le corrijo acariciando mi vientre.

—¿En serio? —pregunta y yo asiento —va a ser mi sobrina favorita, te lo aseguro —dice con un ademán y yo río.

—Lucas, es la única que tienes —digo riendo.

—Por ahora, quién quita que tenga más —me encojo de hombros.

—Lucas y ¿cuando te dan de alta? —pregunto.

—No sé, no me han dicho, pero ya me quiero ir, quiero conocer el depa de mi hermana.

—Cuando quieras puedes ir —miro la hora, 3:30 p.m.

Ya tengo hambre. La hora si se va rápido.

—Lucas, tengo hambre, voy a merendar -—acaricio mi vientre y él sonríe.

—Está bien Aby, el fin de semana me tienes molestando otra vez en tu depa —sonrío abrazándolo.

—Te espero Lucas, adiós —beso su mejilla y salgo de la habitación.

Al salir está mi papa hablando con mi mamá, me acerco y le doy un beso en la mejilla.

—Hola papá ¿cómo estás? —pregunto y me siento al lado de mi mamá.

—Bien hija y ¿ustedes? —pregunta señalando mi vientre.

—Bien, aunque tu nieta no ha dado señal de vida —hago una mueca.

—Dan la señal cuando están más grandes hija —dice mi papá y yo asiento, mi barriga suena.

—Bueno, ya me voy tengo hambre, se me antojan una de las tortillas que tú haces mamá.

—No te preocupes mi amor, un día de estos te hago unas y te las llevo —asiento.

Me despido y voy al auto, entro y arranco.

En menos de media hora ya estoy en mi casa, pongo mi bolso en la mesa y voy a la cocina; entro y pongo a hacer el arroz, mientras preparo el pollo para luego cocinarlo y después fritarlo (o freírlo *es lo mismo*). Mientras espero que esté la comida enciendo el televisor y voy a quitarme el uniforme.

Un Pedacito De Mí Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora