Fernando está recostado en su auto besándose con una rubia que no conozco, mis ojos comienzan a humedecerse y mi boca está levemente abierta.
Pensé que él era diferente, pero no, todos los hombres son iguales. Tomo valor y menciono su nombre.
—¡Frenando! —rápidamente se separa de la rubia.
—Abigail déjame explicarte, las cosas no son como las imaginas —se acerca a mí.
—¿Ah, no? ¿Entonces cómo son? —pregunto con lágrimas retenidas y un nudo en la garganta.
—¿Esta es la zorra por la que me querías dejar? —pregunta la rubia.
—Abigail déjame... —dice ignorando a la rubia, pero lo interrumpo.
—No Fernando, todo está claro, me engañaste con esta oxigenada. Yo pensé que eras diferente, que sí me querías, que te importaba —las lágrimas caen por mis mejillas.
—Yo si te quiero y me importas mucho Aby, por favor deja que te expli... —la rubia lo interrumpe.
—Deja a esta puta Nando, yo soy mejor mujer que ella —camino hacia ella y le doy una bofetada.
—A mí no me digas así, en todo caso la puta aquí eres tú — comienzo a caminar hacía el auto.
—¡Abigail no te vayas déjame explícate por favor! —grita Fernando.
Se acerca a mí, toma mi mano, me suelto de su agarre con brusquedad y lo abofeteo.
—¡Déjame! No me toques, y nunca más te vuelvas a acercar a mí —entro al auto y arranco.
A lo lejos lo escucho que me grita, pero no regreso. No veo muy bien por las lágrimas, tanto así que casi choco con un auto. Pero aún así sigo conduciendo, necesito llegar rápido a mi casa. Cuando llego estaciono el auto y camino a mi casa, abro la puerta y dejo el bolso con las llaves en la mesa. Corro a mi cuarto y me acuesto en la cama haciéndome bolita, comienzo a llorar desconsoladamente.
Nunca me hubiera esperado eso de Fernando. No debí bajar la guardia sabiendo que todos los hombres son iguales y no se merecen el amor de una mujer. Escucho el timbre, hago el esfuerzo de dejar de llorar y voy a abrir la puerta; es mi amiga, no me contengo más, me abalanzo sobre su hombro y comienzo a llorar.
—Aby, ¿qué tienes?¿qué te pasa?¿por qué estás así? —pregunta muy rápido y me separo de ella para contarle.
—Fer... Fernando... Me lo encontré besándose con una rubia... Y no sabes cuanto me dolió Laura... Yo pensé que él me quería —respondo llorando.
—Abigail, claro que te quiere, se le nota cuando te mira, ¿al menos dejaste que te explicara? —pregunta.
—¡Que me iba a explicar Laura! Si yo lo vi con mis propios ojos besándola —digo casi gritando.
Comienzo a caminar por todos lados.
—No sé amiga, pero alguna explicación debe tener, porque él si te quiere y a mí me consta Abigail —me dice seria.
—Ash, estás de su lado. Lo que me faltaba —digo histérica.
—No, no estoy de parte de él, de ninguno de los dos. Pero ya deja de llorar, piensa en tu hija, todo esto le hace daño —comienzo a calmarme, y me siento —¿ya comiste? —pregunta.
—Sí, esta mañana unas tortillas, nada más —respondo un poco más calmada.
—Tienes que comer más Abigail, solo no te estás alimentando tú, entiéndelo. Tu bebé no tiene que pagar lo que hagan sus padres —me regaña.
—Fernando no es su papá —respondo con rabia y lágrimas retenidas.
—Claro que lo es. Porque aunque no donó el esperma, ha estado contigo durante el embarazo y tiene derecho sobre ella, cosa que el cobarde del donador no se digno a hacer. No te sientas orgullosa de decir semejante barbaridad —me fulmina con la mirada.
Se me salen las lágrimas. Laura tiene razón.
—Ya no me regañes —rueda los ojos.
—Ahora vas, y te das una ducha mientras yo preparo algo para comer —me ordena.
—Pero no tengo hambre Laura —hago puchero.
—No me importa Aby y te aviso que me voy a quedar aquí —se va a la cocina y comenzó a mover cosas.
Yo voy a darme una ducha, abro llave de la regadera y todas los recuerdos vienen a mi cabeza, comienzo a llorar nuevamente.
Fernando Miller
—¡Aby! —le grito pero no se voltea.
—Ya mi amor, todo está bien, aquí estoy yo para sacarte a esa idiota de la cabeza —dice Camila abrazándome por el cuello, pero le quito las manos.
—Déjame Camila, por tu culpa está pasando todo esto. ¿Qué no puedes entender que yo no te amo? Lo de nosotros ya se acabó —le digo cansado de su actitud.
—Entiéndelo tú, yo soy la única mujer con la que debes estar, la única que te soporta —intenta besarme, pero la aparto lo menos brusco posible.
—DE-JA-ME EN PAZ —le grito y me subo en el auto.
Mientras voy en el auto le marco varias veces a Aby, pero tiene él celular apagado. No sé que haré si Abigail me deja de hablar o me ignora. Ella es el amor de mi vida.
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Un Pedacito De Mí
RomansaAbigail Johnson, es una chica de 19 años, segura de sí misma, inteligente y muy bonita, que se deja llevar por un momento de pasión y termina acostándose con su novio, Quedando embarazada. Ella decide contarle, pero él le pide que aborte. ¿Podrá Abi...
