Perdida

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Abrió sus ojos lentamente... aún no sabía con exactitud lo que había ocurrido...

-¿Dónde... estoy?- se preguntó al sentarse sobre el césped, en el cual había estado aparentemente dormida... giró su rostro en todas direcciones y no había rastro de nada ni nadie conocido... ya había amanecido y ella se encontraba sola.

Observó a su costado el brillo que despedían de manera natural de los fragmentos de la perla, junto a los pedazos de cristal que antes formaron el pequeño frasco donde estaban guardados... frunció el ceño al recordar lo que horas atrás había ocurrido - es verdad...- mencionó tomando con su mano los cuatro pequeños cristales rosados..."Inuyasha... tú..." pensó y sus ojos volvieron a inundarse en lágrimas, todavía dolían del amargo llanto.

-Pero ahora no es tiempo de pensar en eso...- se dijo levantándose y tratando de dejar de lado lo ocurrido. -...debo encontrar a los muchachos... al menos ellos deben estar preocupados...- se aseguró, pues sabía que si el peliplata la hubiese buscado ya estaría a su lado... comenzó a caminar, la dirección era lo de menos... estaba perdida, pero tenía que avanzar y buscar un lugar conocido pues ya no esperaba que Inuyasha acudiera a su rescate, después de todo estaba con Kikyo... lo único que deseaba en ese momento era poder llegar al pozo y regresar al lado de su familia, las personas que de verdad la querían... por ser ella misma... Sango, Miroku y Shippo también lo hacían, pero estando con ellos no podía evitar el pensar en el ojidorado, y ahora pretendía olvidarlo, aunque fuese por pocos instantes...

-No... no logro reconocer nada...- se dijo al detenerse en lo alto de una pequeña colina y observar el bonito, pero desconocido horizonte -...esto es extraño- mencionó preocupada, llevando su mano al pecho, cuidando en todo momento de los cuatro pequeños fragmentos, pues eran lo único que la acompañaban.

-Eso es... ¡sí estoy segura!... - y casi corrió al voltear y reconocer lo que sería el monte de las ánimas -...vaya después de todo no estoy tan perdida- trató de reconfortarse, pues una vez ahí, sabía que podía reconocer el camino que debía tomar para llegar al lado de sus amigos... sin embargo detuvo abruptamente su marcha -un momento...esto no puede ser...- sus ojos se abrieron con sorpresa y confusión "el monte se derrumbó... nosotros lo vimos..." recordó "pero... lo puedo sentir... esa energía purificadora emanando de él, no puede ser otro..." y siguiendo su instintiva curiosidad, volvió a retomar, su ahora, cauteloso paso.

-Inuyasha, ¿qué haces aquí?... ¡y con Kikyo! - preguntó desconcertada la exterminadora, pues suponían que él debía encontrarse con Kagome y que Kikyo estaba muerta.

El peliplata no mencionó palabra, llevaba en sus brazos el maltratado cuerpo de la sacerdotisa de barro... toda la noche buscó a Kagome, pero no encontró su rastro, sabía que no estaba con sus amigos y aun así decidió volver.

-Eso es lo de menos... Inuyasha, ¿la señorita Kagome no estuvo contigo?- intervino preocupado el joven monje.

Él solo negó en silencio... y lentamente recostó la delgada mujer en el suelo, cuidando en todo momento de no lastimarla más -por favor... cuiden de ella...- les pidió tristemente al voltear a verlos.

-¡¿Qué?!- habló notoriamente molesta la joven castaña -¿pretendes que cuidemos de ella, mientras no sabemos ni dónde, con quién, o en qué condiciones se encuentra Kagome....? ¡debes de estar bromeando!

-Es por eso...- habló el peliplata sin atreverse a verla a los ojos -... que necesito que la cuiden - en su voz pesaba una culpabilidad y también el miedo por no tener rastro alguno de la azabache.

-Inuyasha ¿ocurrió algo malo entre ustedes?- preguntó sabiendo la respuesta el monje, la evasiva mirada dorada lo confirmaba y la presencia de Kikyo que hasta el momento permanecía observando a distancia, no dejaban lugar a dudas.

Más que el destino Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora