—Tengo que tranquilizarme…— se dijo una vez que logró salir del pozo estando ya en su época. Limpió el rastro de sus lágrimas e inhaló hondamente tratando de normalizar su respiración y ocultar su llanto… al menos eso, porque su rostro seguiría delatando su anterior llanto.
Estaba sentada sobre la tierra de esa pagoda y con su espalda recargada en la añeja madera del pozo… abrazó sus piernas y ocultó su rostro entre éstas… —tengo que salir de ésta…— volvió a decirse, creía que su madre estaría muy contenta de verla y solo lograría preocuparla si la notaba tan deprimida como se encontraba…
Pudo sentir el viento golpear la puerta corrediza de la pagoda y ésta temblar ligeramente por dicho acto, estaban a medio día, pero podía sentir que el día era frio y triste… sonrió irónicamente, nada más parecido a ella…
Limpió una última y rebelde lágrima que brotó por sus ojos… ya no tenía ganas de llorar, pues de cierta forma logró desahogarse con esa pelea con Inuyasha, pudo defender su amor, gritarlo como deseaba, añorarlo y sufrirlo… pero le hizo bien…"esto no puede seguir así…" pensó… sí, era cierto que Inuyasha había matado a Bankotsu, pero ese todavía no era su Bankotsu… no podía juzgarlo, ella también había intentado matarlo en ese tiempo… las cosas cambiaron y nadie tuvo la culpa… tarde o temprano tenía que regresar al Sengoku y finalizar con la recolección de los fragmentos de la perla, derrotar a Naraku y concluir con su estadía en ese lugar… suspiró tristemente… Pero no todavía.
Se levantó y trató de poner un semblante apacible, intentó una sonrisa y solo fue eso… un intento. Salió a pasos lentos y pesados, observó el día nublado y el viento frio le recorrió el cuerpo, se abrazó a sí misma y caminó los metros que la separaban hasta llegar a su casa, esta vez ni siquiera volteó a ver al enorme árbol del tiempo…
—Kagome, cariño…— casi gritó su madre y corrió a su encuentro, estaba barriendo el frente de su casa cuando la vio.
Ella se sintió envuelta entre los cálidos brazos de su madre y necesitadamente lo correspondió, se había prometido no llorar, pero al ver a su madre hacerlo, no lo pudo evitar…
—Me da tanto gusto tenerte de regreso Kagome…— le dijo sinceramente apenas al deshacer su abrazo y limpió una de las lágrimas que recorrían el rostro de su adolescente hija.
—A-a a mí también…—respondió para después aclarar su garganta —… discúlpame por preocuparte…
—No lo digas… anda, entremos que hace frio aquí afuera…— la cortó su madre y la sostuvo del brazo, indicándole que la siguiera.
Los ojos achocolatados de Kagome se fijaron en la humeante taza de té que tenía entre sus manos, estando sentada en el pequeño comedor…
—¿Y dime cómo fue que te perdiste, hija?— cuestionó el abuelo, una vez que fue enterado de la llegada de su querida nieta y permanecía sentado frente a ella.
Ella salió de sus pensamientos cuando se hizo el silencio que le indicaba que hablara… había escuchado muy poco de lo que su madre y su abuelo habían hablado… entendió que Inuyasha les había informado de su desaparición y como estuvo regresando cada cierto tiempo sin buenas noticias, y que la última vez, por fin había dicho que había vuelto… de la alegría que eso les causó y las razones por las que todavía no podía regresar con ellos… lo preocupados que estuvieron y muchas cosas que no logró entender…
—¿Y bien?— volvió a hablar el hombre mayor —¿cómo fue que te perdiste Kagome?
—Creo que deberíamos dejarla descansar…—interrumpió Naomi al ver a su hija indecisa y notoriamente perdida de la conversación.
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Más que el destino
FanfictionKagome se había enamorado de Inuyasha prácticamente desde su llegada al Sengoku. Durante la batalla en el monte de las ánimas, es que ella descubre que sus sentimientos están muy lejos de ser correspondidos. Escuchar de la voz del peliplata que esta...
