La claridad que traspasaba, a través de la puerta corrediza de madera y papel de la habitación, en cuyo interior descansaba la azabache; molestaba insistentemente sus ojos, obligándola así a despertar... cansadamente abrió sus achocolatadas orbes.
-Debe ser bastante tarde...- dedujo, pues el sol parecía estar ya muy alto... se apresuró a levantarse y a acomodar el lugar donde había dormido -... me extraña que con lo impaciente que es Bankotsu no haya venido a... - se decía, pero se detuvo al recordar -... seguro que el idiota no durmió en toda la noche - supuso mientras aventaba de mala gana, las mantas que la habían provisto de calor durante la noche.
El sueño todavía pesaba en ella, pues aunque intentó dormir tranquilamente, había despertado un par de veces durante la madrugada, el silencio en el lugar parecía dueño de todo. Se animó a salir, después de todo, según el ojiazul, ese día deberían partir...
-Hola niña...- saludó esa tan molesta chica, saliendo a medio vestir de la habitación del moreno.
Ella la vio con clara molestia y más por el tono burlón con el que la abordó.
-Mi nombre es Kagome... no niña- corrigió fríamente.
-Como digas... si buscas a Bankotsu, bueno, él...- mencionó mientras se acomodaba el kimono cubriendo su antes desnudo hombro -... todavía está durmiendo...
Kagome apretó molesta sus puños, hecho notado por la joven.
-Bueno, es que hacía tiempo que no nos veíamos y pues... la noche se nos hizo corta...
-No lo estoy buscando y tampoco te pedí explicación alguna...- dijo secamente siguiendo su camino, e ignorando cualquier otro comentario que pudiese hacerle.
La joven veía despectivamente a Kagome que se marchaba molesta, no entendía qué diablos tenía... pues contrario a lo que le dijo a la azabache, Bankotsu no estaba dormido, ni siquiera estaba en la habitación; y tampoco había sucedido todo lo que ella pretendía al pasar la noche con él, ya que el moreno excusándose en su pronta partida optó por declinar la descarada oferta, y podía jurar que era por ella, pues por unos instantes pudo sentir como él también lo deseaba, pero en algún punto... perdió el interés.
Maldijo a la azabache y salió de la habitación; se encaminó a prepararse, pues ese día tendría clientes que agradar.
Kagome sobaba su adolorida mano, que después de lavarla y asearla ahora se encontraba vendada... permanecía sentada pues en su intento de salir del lugar, la anciana dueña del mismo, le había amablemente invitado a desayunar con ella...
-¿Es una herida profunda?- preguntó la mujer mayor al momento de llegar con los alimentos.
-¿Eh?... no, sanará pronto...- respondió apresurada mientras la ayudaba con los tazones.
-Me alegra...- mencionó y fue lo último que se mencionó, pues la anciana comía callada, y la azabache por educación no se atrevía a romper el incómodo silencio...
-Y entonces, ¿hoy se marchan?- mencionó una vez que finalizaron.
-Sí, eso creo...
-Bueno pues Bankotsu todavía...- decía hasta ser interrumpida.
-Permítame ayudarle a levantar la mesa...- habló sin importar ser descortés, pues en ese preciso instante pretendía no hablar del mercenario.
-Oh, no es necesario pequeña yo lo hago...- se apresuró a retirarle los trastos de entre sus manos, dejando de lado la conversación.
Kagome sonrió agradecida y después de decirle que volvería, salió del lugar... debería ser cerca del medio día porque el sol se posaba en lo alto del despejado cielo... esta vez dejó de prestarle atención a los hombres del lugar, y a los insistentes silbidos o habladurías que le decían, pues volvía a usar su tan querido uniforme escolar, logrando así, no pasar desapercibida para las morbosas miradas masculinas.
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Más que el destino
FanfictionKagome se había enamorado de Inuyasha prácticamente desde su llegada al Sengoku. Durante la batalla en el monte de las ánimas, es que ella descubre que sus sentimientos están muy lejos de ser correspondidos. Escuchar de la voz del peliplata que esta...
