Capítulo 14.

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Nicholai

Sentí sus manos apoderarse de mis brazos

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Sentí sus manos apoderarse de mis brazos.

Me volteó.

-eres una mentirosa.- me zarandeó, yo me mareé por un segundo. Verga. -sé que te gusto, nunca me has dejado de coquetear desde que entraste a Sweet Coffee.- escupió.

-está confundido jefe.- traté de explicarle, me soltó y me miró dolido.

-mira.- cogió mi mano y la puso en su encima de su montañoso pantalon, tenía una dura y gigante erección, la quité de inmediato incómoda. -eso es lo que me provocas Jo. Te deseo desde que te ví hace 2 años atras, Jo, por favor.- juntó sus cejas, ¿qué piensa?, ¿qué le haré caso a su petición?, pués no, está loco.

Lo miré a los ojos y caminé hacia atrás.

-lo siento jefe y espero olvidar esto para el domingo.- Suspiré, este rió.

-si hoy no haces caso a lo que te pido, no pienses volver a Sweet Coffee.- abrí la boca ligeramente. No. Por favor no. Me encanta mi trabajo.- pero si lo haces, te conseguiré el trabajo que quieras y aparte del dinero que ganarás siendo mi amante, también ganarás muchísimo dinero en empresas muy famosas en las que yo te voy a inmiscuir. Pero sino, te haré la vida imposible para que no consigas trabajo en ningún lado.- sonrió malévolo.- sabes que soy muy importante y te puedo pisotear con tan solo respirar.- lo miré desecha. Dios, que vida me has dado. Me sentí mal conmigo misma por confiar en mi jefe durante dos años. Pensaba que era un buen hombre, pero ya veo que no.

Mi vida está terminada, porque no me voy a entregar a él. Nunca lo haría. Mis ojos se aguaron, estaba destrozada, soy una ingenua. Me tendré que ir de Brooklyn. Otra vez a tratar de realizar una nueva vida.

-lo siento.- susurré dándome la vuelta para irme. Pero de nuevo sus manos aprisionaron mis brazos. Esta vez, me tiró al mueble. Caí de frente y con mis manos evité darme en el pecho con los muebles y me iba a levantar, pero él me obligó a quedarme quieta, se subió en mis muslos.

-no me vas a dejar con las ganas Jo.- ¿Qué?, intenté safarme pero mis piernas estaban siendo ahogadas por las suyas, quien las tenía apoyadas encima de las mías. Tenía una falda de tela fuerte y un saco, este lo subió. Empecé a llorar y a removerme. No. No podía ser. Por Dios no. Lo evadí una vez por Dios.

Comencé a llorar, sentí sus manos entre mis piernas, acarició mi feminidad, me tensé y empecé a gritar. Yo tengo una mala suerte terrible. Pataleo, este me agarró del pelo fuertemente.

-deja de moverte.- gruñó en mi oido. No dejaré de luchar.

Lo único que me vino a la mente fue Balthasar, ¿por qué no me salva ahora?, ¿por qué no aparece ahora y me quita este tipo de encima?.

-Balthasar.- llamé. Ven por favor. Por favor, ven. Lloré. Sentí como acariciaba mis nalgas. Bajó su cuerpo y me empezó a besar el cuello, yo no podía hacer nada de nada. Mis gritos aumentaron, tenía demasiado miedo, el pavor había crecido.

-¡Balthasar!.- grité a todo pulmón, mi garganta picó al hacer ese esfuerzo.

-¿quién es Balthasar?.- preguntó, amasando su erección entre mis nalgas, mientras subía mi falda.

-¡Balthasar!.- grité con todas mis fuerzas pero era todo en vano, tenía la esperanza de que fuera como la última vez. Bajó mis bragas y ahí grité con todas mis fuerzas su nombre.-¡ayuda por Dios!, ¡tengan piedad de mi!.- grité, mis gritos eran desgarradores. Por Dios, no quería esto. Nadie parecía escucharme.

Me removí una ultima vez, bajé mi falda con mis manos sueltas, no podía sujetar nada por que estaba de espaldas y si quisiera herirlo, fuera estúpido hacerlo. Pero hacía hasta el último intento. Todo por que no me viole. Dos años conociéndolo y no pensé que fuera capaz de semejante acto tan atroz. Dejé de luchar, cuando supe que ya no servía de nada.


Pero de repente escuche un estruendoso ruido, junto con el ruido de unas ventanas rompiéndose. Sentí mi espalda libre y caí de culo en la alfombra, subí mis bragas y bajé mi falda. Abracé mis piernas y lloré desconsoladamente. Me sentía sucia.

Me sentía asquerosa de alguna forma, soy un imán de la mala suerte. Nada es fácil en mi vida, todo siempre es una mentira. Mis lágrimas eran incontrolables, la imágen de Balthasar con los ojos rojos y los labios llenos de sangre se me apareció en frente. Lo miré mientras lloraba a cantaros.

Se arrastró hasta mi y se quedó varios centímetros lejos de mi, lo miré nuevamente y me lancé hacia el, hacia sus brazos, lo abracé mientras continuaba llorando, en vez de miedo ahora lo que sentía era protección en sus brazos, lo halé hacia mi y me puse bajo su cuerpo, se sentó.

No sabía como, al parecer, calmarme. Solo acarició mi cabello y me abrazó. Su cuerpo era consideradamente frío, pero sentía que él era una muralla a todos mis problemas. Ahora mismo, me sentía la chica más protegida de todo el mundo, no quería separarme de él. Quizás el no sea la criatura más grotesca que exista, pués me dí cuenta de que los humanos son unos animales sin sentimientos.

No sé debe confiar en nadie. Al parecer eso lo tengo que aprender. O lo tuve que aprender, y de que forma.

Dejé de llorar en sus brazos. Había pasado un buen tiempo. No sé si lo mató y en realidad no me interesa, pero no quiero que se vaya. No quiero que me deje. Alcé mi cabeza. Me miró, se había limpiado la sangre derramada con su manga.

-¿puedes llevarme a casa?.- pregunté con voz acongojada. Se levanto sin esperar mas y sin preguntarme, me agarró por la cintura y me puso de pié.

-¿quieres caminar?.- preguntó, yo junté mis cejas. Me sentía realmente bien con él, sentía unas ganas inmensas de no apartarme de él y eso me preocupa. Pasó su mano por debajo de mis piernas y por debajo de mis brazos, alzandome, me cargó como los recién casados. Lo miré embobada. Sacudí la cabeza mirando hacia otro lado. Esto es extraño. Mi corazón late inmensamente rápido, pero no por miedo. Por algo más que no  puedo explicar.

Maratón 2/3

Opuestos  (Two Souls #1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora