- No me mates - murmuré - No le he hecho nada a nadie.
- Será rápido, me han mandado y si no lo hago, me matarán a mí.
- No es justo, yo no he hecho nada malo, por lo menos explícame porqué.
- No te voy a decir nada, yo sólo cumplo órdenes.- rugió...
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Mis palabras pararon el tiempo. Su cara se quedó congelada en un mismo lugar. Lamentablemente tenía que hacerlo, si quería salir vivo de esta ya su destino no está en mis manos, desde que se fue me quitó el derecho de decidir sobre su vida. Lamentablemente no puedo ser egoísta con él, ya lo dejé ir una vez y lo dejaré ir dos veces si es necesario para que viva.
-no me puedes hacer esto.- murmuró. Su voz se rompió y volvió a partirse a llorar como un niño y tiré mi cabeza hacia atras, destensando mi cuello y suspiré al mismo tiempo.
-ya lo estoy haciendo Tanner. Ya es muy peligroso que te este contando esto, ya las cosas no son fáciles como antes y cuando me dejaste, te dije que no me volvieras a buscar. Sea por una cosa o por la otra, no volveré contigo. Nunca lo haría de nuevo.- dije sinceramente, se restregó sus ojos.
-que idiota soy. Por andar llevándome de los otros, perdí a la mujer que amo.- algo en mi se removió al verlo así, nunca en mi vida había visto a Tanner de esa manera, se veía como un niño desolado y lastimado.
-te llevaste por que quisiste hacerlo Tanner y la verdad ya no quiero rechazarte más, por favor, vete y no vuelvas.- me miró con esos ojos verdes donde había dolor desesperación, temor. Todo junto.
-perdóname.- susurró, la voz se le rompió y a mi se me rompió el alma. Se los juro. Me tapé el rostro, no quiero llorar pero él fue una de las personas que más amé y que siempre estuvieron ahí conmigo. Aparte de Nikki.
-estás perdonado, tu perdón lo tienes hace mucho, desde que lo hiciste. Pero ya no más, espero y seas feliz.- deseé lo mismo que le deseé la primera vez que se fue.
Caminó hacia mi y me abrazó, lo hizo debes ser una manera reconfortante, de una manera que no lo habían hecho hace mucho tiempo conmigo. Suspire y apreté mis labios. Cerré los ojos empuñandolos y después de tanto luchar, lo abracé con la misma fuerza. Escondí mi cara en su cuello, los dos llorabamos con fervor. Éramos una sola alma en ese momento.
Con él compartí un amor verdadero. A él le entregue mi cuerpo por primera vez, con el aprendí a luchar por mis cosas. Sentí el amor entre parejas y reí con él hasta que mis tripas dolían.
Son recuerdos muy hermosos. Pero ya no es lo mismo y aunque me cueste aceptarlo, me duele dejar esos atrás, pero esto es necesario.
Nos apartamos, miró mi rostro y lentamente acarició mi mejilla.
Se acercó a mis labios y les dió un beso casto. Se alejó de mi cuerpo.
-hasta nunca.- susurró.
-hasta nunca.
Abrió la puerta, pero ahí aguardaba una Nikki extremadamente abrigada, gracias a la navidad floreciente en Brooklyn.
Este sólo la miró y la rodeó, desapareciendo entre el largo pasillo y las escaleras.