Capítulo 4.

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Desperté quejándome. De nuevo con humor de perros.

-mi vida es una mierda.- murmuré al poner mis pies en el piso, miré la hora y abrí los ojos al ver que eran las 1:13 pm, pero que bueno que mi turno empieza a las 4:00 pm, miré todo a mi alrededor, me siento débil, cansada. Gruñi y me levanté de mala gana. Entré al baño y casi salgo corriendo al ver mi reflejo. Estoy del asco. Pálida y con los labios resecos. Mi cabello estaba despeinado, pasé mis manos tratando de calmarlo, lo cual no funcionó, me miré con irritación y me cepille los dientes, me lavé el rostro con mucha agua y después sequé con una toalla.

Caminé hasta mi cama arrastrando los pies, tenía ese típico comportamiento como cuándo me llega la regla. Pero no podía ser, hace sólo una semana mi período se había quitado, caí recta hacia la cama y me dí el rostro con el duro colchon, tal vez haya algo que me alegre.

-¡pizza!.- grité a todo pulmón, con nuevas ganas reunidas corrí hacia el teléfono que estaba en mi mesita de noche y marqué hacia la pizzeria que había en la otra calle. Marqué con alegría y pedí una pizza mediana de peperonis. Mi humor aumentó cuando sabía que me iba a comer una pizza. Amo la pizza, algún día me casaré con un trozo de pizza. Juro que lo haré. Miré incesante por la ventana y en varios minutos ya estaba ahí. Calentita. Umm.

La pizza no se hizo esperar, el timbre sonó y con el dinero en las manos, abrí mi puerta y pagué mi pizza. Lavé mis manos y de inmediato ataqué la pizza sin piedad, gemi al darle el primer bocado. Dios, esto es vida. Me comí 6 pedazos, cosa que me sorprendió. Dejé las sobrantes en la nevera y me fui a bañar. Entré al baño decidida a meterme en la regadera, pero me llamó la atención mirarme en el espejo. Mi cuello tenía dos puntos y ahí me llego a la mente la noche anterior. No fue un sueño, de eso estoy segura. Nunca lo había sentido tan real.

Entonces, ¿los vampiros existen?, no, eso es una estupidez, claro que no existen. Me toquetee la heriday me dolía un poco. ¡¿Pero que digo?!, ellos existen, lo que pasa es que no le encuentro lógica por ningún lado. ¿Quién me hizo eso entonces si no fue el de ayer?, además, ¿por qué tengo estas ronchas si supuestamente son mentiras?. El miedo me invadió. ¿Qué me está pasando?, ¿por qué a mí?. Yo quiero ser ingenua, ahora un vampiro me quiere matar y no sé por qué. Pero, ¿por qué ayer cuando tuvo oportunidad no lo hizo?. Me alejé del espejo rápidamente y decidí olvidarme de todo, pero unos nervios me invadieron al saber que alguien podría estar observandome y no alguien, el tal... Balthasar.

Balthasar.

Ese era su nombre. O es. Por Dios, entonces el mundo que vivo, es una mentira total. Eso quiere decir que todas esas criaturas mitológicas si existen. Tengo la mente tan enredada. Hace un par de días era la chica normal, que trabajaba en una cafetería, tenía un novio al que amaba y tenía un apartamento barato en el distrito de Brooklyn. Pero ahora sé que todo esto existe y no todo, los vampiros existen. Cosa que me deja inquieta al saber que uno me quiere matar, vaya saber quién es que lo mandó.

Miré por la ventana y la cerré, por temor a que alguien estuviera viéndome, o él, estuviera viéndome. Si estuvieran en mi lugar también estarían igual de paranoica que yo. Me bañé rápidamente, logré bañar y tallar bien mi cuerpo, pero lo hice en tiempo récord. Me cambié en el mismo baño y salí lista para trabajar.

El día no fue tan malo, pero mi preocupación estába a millón. Benjamín me había preguntado que me pasaba, mi rendimiento no era el mismo, ¿y Cómo lo va a ser?, si me siento super agotada. Estaba lista para cóger un autobus, pues mi jefe me había despachado temprano, pues veía que estaba "enferma", y si, podría ser que estaba enferma.

Un auto se aparcó delante mio, mi corazón se detuvo por un momento al saber quién estaba dentro. Balthasar.

Bajó los vidrios y me dió una vista de su rostro. Me faltaba el aire al verlo ahí. Me puse pálida.

-sube.- demandó. Yo negué.

-n-no.- negué caminando hacía otro lado.

-¡que subas!.- Paré en seco, y suspiré nerviosa. Miré hacía atrás, caminé hacía el auto, quería salir corriendo pero cerré los ojos y traté de calmarme aunque era imposible en ese momento, rodeé el auto y él abrió la puerta del copiloto y yo entré. Iba a llorar, mi cuerpo estaba rígido, mis nervios estaban a flor de piel.

Cerré la puerta y el comenzó a conducir muy rápidamente por las calles de Brooklyn. Lo miré, pero él solo miraba la carretera. Me encogí en el asient y no hablé, me puse en modo mudo. Estaba muy asustada, demasiado. Le tenía un pavor a ese tipo inexplicable.

En menos de 5 minutos ya estaba en mi casa. Yo me bajé sin meditarlo mucho, pero el se bajó también. Lo miré, pero no dije nada. ¿Este piensa entrar a mi casa?, no quiero, de verdad, no quiero. Voy a llorar, caminé rápidamente a la entrada y sin pensarlo comencé a subir los peldaños trotando. No quería voltear, no quería que ese tipo entrara a mi casa. Ojalá fuera una simple broma. Llegó al quinto piso y puse las llaves, sentí su presencia detrás de mi y cerré los ojos, mientras nerviosamente abría la puerta. Entré y rápidamente iba a cerrarla, pero su pie me lo impidió. Lo miré a los ojos, de un segundo a otro, me miraba con ojos molestos, solo dejé que entrará y caminé adentro muy rápidamente. Sentía un mar de emociones, todas negativas, por cierto.

Caminé hacía la cocina y bebí un poco de agua. El apareció por la cocina, miraba todo a su paso. Me recargué del lavabo. Me miró, yo sólo miré a otro lado, él me daba mucho miedo, caminó hacía mi, me encogí, pasó su mano por mi cabello y... lo acarició. Me quedé tiesa por varios segundos, apartó mi cabello del cuello, yo me puse muy nerviosa y hasta contuve la respiración. Escuché un bufido.

-te he quitado mucha sangre.- murmuró con ¿preocupación?. Lo miré.

-¿en serio me has mordido?.- pregunté atónita.

-si, tu sangre es deliciosa.- dijo acercándose más a mi, de nuevo me puse rígida al sentirlo tan cerca.

-¿por qué a mí?.- pregunté sin mirarlo.

-porqué me han mandado.- rodé los ojos inconcientemente, eso ya lo sé.

-si, pero ¿por qué?.- me atreví a mirarlo a los ojos, fue cuándo me dí cuenta que estába demasiado cerca de mí, me quise echar para atrás, pero el lavabo no me lo permitía.

-porqué eres una amenaza para él.- junté mis cejas y traté de buscarle lo lógico a aquella oración.

-¿amenaza?.- me pregunté, apartandolo de mi camino inconcientemente. -¿Cómo que amenaza?, eso es absurdo.- me dije a mi misma.

-al parecer si.- me respondió.

-pero, ¿cómo es eso?.- pregunté.

-no sabes nada de nada.- sonrió. Me acerqué a él, por primera vez sin temor.

-quiero saber.- sonrió burlón, me dí cuenta que no me diría nada.-entonces, ¿por qué no me has matado?.- su sonrisa desapareció.

Opuestos  (Two Souls #1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora