Capítulo 9.

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Me había quitado los tacones, mi risa se escuchaba a tres kilómetros de distancia. El alcohol se había apoderado de mi. La verdad que tenía tiempo sin beber y cuando me bebí 7 vasitos de tequila, ya estaba en mi mejor momento. Por Dios. Que verguenza.

Me subí al taburete y empecé a bailar, era un baile erótico extraño, los borrachos me apoyaban, ni siquiera sabía que hacía en ese momento, sólo me estaba divirtiendo como hace mucho no lo hacía, sin ninguna restricción y si, me había emborrachado, pero esto sería sólo un recuerdo borroso al día siguiente con la resaca incluida. No me importaba nada, podía hacerlo todo y no tener pena, cogí un trago de un desconocido, que lo tenía en la boca listo para beberselo y se lo arrebaté y me lo bebí de un sorbo.

-gracias.- agradecí, tambaleo en el taburete a punto de caerme, pero alguien me sostiene y me sienta en el mismo. Es el rubio con el que me había estado besando toda la noche.

Y si, hice las dos cosas que dije que no iba a hacer, emborracharme y besar una persona. Me regaló un pico y abrió mis piernas para posicionarse entre ellas. Lo miré, se veía borroso.

-dame tu numero.- sonrió, yo serié mi cara. Me acordó al tipo de la cafetería, pero sonreí al ver que no era él. Negué y lo besé, estaba siendo una completa loca, el alcohol era quien me manejaba. Sentía una erección dura y caliente. Ni siquiera sabía donde estaba Nikki, se había desaparecido hace una hora con un moreno fortachón por el baño. Ay Nikki.

Quité al rubio de mi camino y fui a la pista. Comencé a bailar sola, a batir mis caderas, a mover mi culo al son de la música, los hombres me miraban con hambre. Deseosos, yo sólo reía y una que otra mujer del otro bando me miraba como si yo fuera su chica preferida. No sabía que me movía asi o es por la borrachera que me hacía pensar eso. Que lo hacia tremendamente bien. El rubio se me pegó con un trago en su mano, se lo quité y me lo bebí de tres tragos, lo dejé caer en el piso, este sorpresivamente no se rompió, lo halé hacia mi y comencé a besarlo, o no besarlo, a comermelo, recorrí con mi mano su pecho, de repente alguien lo empuja, abrí los ojos aturdida y sentí unos brazos rodearme, al principio lo ví borroso.

Era Balthasar.

Miré hacía atrás para ver donde estaba el rubio, ese estaba tirado en el piso, parecía hasta muerto. Lo cierto era que estába más borracho que yo.

-vendrás conmigo.- escuché al fortachón que raramente me estaba abrazado, yo solo traté de salir de sus brazos, lo que logré, bajando mi cuerpo, lo miré de arriba a abajo.

-déjame en paz, ¿qué más quieres?.- pregunté, casi me tropecé con el cuerpo y fui caminando hacia el baño. Nikki se besaba con el moreno, parecía que acababan de tener del bueno. Miré a Nikki, esta sintió mi mirada. Se dejó de besar del moreno, y me miró.

-¿si?.- preguntó, mientras el moreno repartía besos en su cuello.

-me dejaste sola estúpida, ¿donde esta la pasta de dientes?.- ella me miro raro, yo solo rebobiné y pregunté lo que en realidad iba a preguntar.- ¿dónde estabas?, me dijiste que no ibas a dejarme sola, maldita perra.- me limpié la boca con el dorso de la mano. Ella solo asintió, mientras le daba un beso casto al moreno. Rodé los ojos.

Salimos del baño, el bartender me había guardado el abrigo en el pequeño bar junto con los tacones. Pero este hace rato yacía en las manos de Balthasar, me le quedé mirando un rato al abrigo, como una estúpida, caminé hacia él y le arrebate el abrigo, poniéndomelo torpemente. Me puse los tacones con gran dificultad. El tipo rubio que acompañaba a Balthasar el primer día que visitó la cafetería estaba a su lado, observandome a mi y a mi mejor amiga. La agarré del cuello y comenzamos a caminar hacia fuera.

Opuestos  (Two Souls #1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora