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—Me encanta la lluvia – mencioné, viendo las primeras gotas de agua caer por la ventana del coche.

—Yo la odio. – dijo Freddy.

—No es cierto, también te gusta – corrigió Alan.

Yo reí por lo bajo.

La camisa que traía puesta era delgada y comenzaba a darme frío. Entrelacé mis manos y me recargué un poco en la puerta del auto, acurrucándome.

En el trayecto, el sueño apareció. En realidad, después de anoche no descansé lo suficiente. Mis ojos se cerraban de repente, y llegó el momento en donde éstos iban a hacerlo por completo.

Se encendió la radio en un volumen bastante alto. Me sobresalté y grité, irritado.

— ¡¿Qué mierda?!

—Un poco de música está bien, ¿no? – cuestionó Freddy, alejando la mano del reproductor. Es un imbécil.

Iba a reclamarle como lo merecía, pero me aguanté. Acumularía todo lo que me haga y después lo usaría en su contra. Y valdría la pena.

—Me gusta esa canción – sonreí.

Ni siquiera sabía cómo se llamaba.

Una vez que llegamos a nuestro destino, nos estacionamos fuera del lugar. Era a la mitad de una calle y, para nuestra suerte, aún había un espacio para aparcar junto a la acera. Freddy fue el primero que salió del coche. Yo bajé después. La tormenta estaba aún más fuerte. Era muy temprano para eso. Estaba mojándome de una manera considerable con solo tres segundos fuera del auto. Miré al primo de Alan correr hacia la entrada del restaurante.

Abrí la puerta del copiloto antes de que pudiera hacerlo Alan y salió.

—No seas cursi – refunfuñó mientras se incorporaba, yo fruncí el ceño.

Definitivamente se volvió muy agresivo. Más difícil y complicado de lo que ya era. Me gusta.

Cerré la puerta tras de él y lo dejé avanzar primero.

Iba a correr pero lo detuve cuando le hablé.

—Correr no hará que te mojes menos. ¿Y desde cuándo dejaste de sonrojarte y comenzaste a ser un grosero?

Cortó el paso y caminó hacia mí.

—Desde que me dejaste abandonado en la fiesta sin alguna razón aparente.

Sí había una razón.

— ¿Y sólo por eso tú me quieres hacer sentir a mí como un imbécil?

—Sí.

—Perdóname por eso. No pasará de nuevo. – sinceré.

Me miró, solemne.

Yo lo observé.

Estaba viéndome a los ojos, fijamente. Una sonrisa a medias y el ceño fruncido, como dudoso. La lluvia caía en su cabello y un poco de agua ya goteaba por algunos mechones. Su cara estaba mojada, y sus ojos entrecerrados debido a eso.

Fue una imagen que quizá no borre jamás de mi mente.

—Te lo prometo. – No me gustaba hacer promesas. Pero teniendo un Alan así frente a mí no pude evitar hacerlo. – Y compensaré mi error.

-Bien. – contestó. – Entonces olvídalo ya. Mis mejillas sonrosadas están de vuelta para ti.

Comenzamos a caminar con tranquilidad, como si la lluvia no estuviera ahí. Yo lo disfrutaba.

abreacción. - jnHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora