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Jos

Tallé mis ojos con las manos fuertemente, provocando que cuando las aparté y abrí los ojos, a mitad del panorama aparecían unos pequeños destellos simulando estrellas.

Mientras intentaba aclarar mi vista mirando hacia arriba, sentí un peso aferrarse con desesperación a mi regazo. Puse una mano en el pecho de chico y lo aparté. Estuvo a punto de caerse, sin embargo, se sujetó del sofá en el que yo estaba sentado y logró detener la caída.

—Por favor, Alonso – pronuncié, con voz cansada – no empieces.

Me lancé hacia atrás y desacomodé mi cabello, frustrado.

Alonso se incorporó e intentó sentarse de nuevo en mis piernas. No lo permití y me levanté de inmediato, dirigiéndome a una de las sillas del comedor.

El chico me siguió hasta ahí y ahora, una vez que me senté, comenzó a darme un masaje en los hombros. Me forzaba a mí mismo a relajarme.

Se acercó a mi oído y susurró en él.

—Cuéntame lo que te pasa.

Negué y traté de zafarme, pero las manos del rubio viajaron hasta mi abdomen, prohibiéndome la salida. Estaba tenso. Quiero golpearlo pero no sé de qué otra manera podría librarme de esto, así que cedí.

Bajó sus toques hasta mi entrepierna. La acarició y yo crucé mis pies inconscientemente. Llevó su aliento a mi cuello y lamió lentamente éste. Jadeé.

Vino a mi mente, por alguna extraña razón, la imagen precisa de Alan hoy mirándome en el parque de diversiones, justo cuando tomé su mano en la montaña rusa.

Lo ignoré. Dirigí mis brazos hacia atrás para apegar los labios de Alonso más a mi nuca. Él suspiraba con calma.

Recordé los labios de Alan posados suavemente sobre los míos. Besándonos frente a la puerta de su casa.

Me aparté completamente, levantándome otra vez y dejando a un Alonso entre confundido y enojado. No podía estar haciendo esto. Sólo quería desaparecer un poco, aunque sea por un lapso pequeño. Emborracharme y aparecer hasta mañana en la mañana en algún vecindario peligroso, dormido a mitad de la calle. Sería una buena opción. Sin tomar en cuenta que después tendría otra cosa de la cual arrepentirme.

—Me habías dicho que conocías a Alan desde antes. – exclamé. — ¿Puedo saber de dónde?

Me rasqué la nuca, con los ojos entrecerrados.

—Lo había visto en una fiesta alguna vez.

Arqueé una ceja. Dudé.

— ¿Una fiesta? Dime la verdad.

— ¿Es necesario? Sólo piensas tener sexo con él, eso me dijiste desde un principio. ¿De verdad necesitas su currículum completo?

Apreté mis puños con fuerza, mientras miré cómo Alonso se sentaba en uno de los sillones nuevamente, dándome la espalda. Yo no me moví de lugar.

—Si comienza a gustarme... - comenté. - ¿Qué pasa?

Los quejidos del rubio cesaron cuando lo dije. Sólo se podían escuchar los grillos nocturnos en mi jardín y un coche estacionándose de repente. Un coche muy cerca. Incluso pareciese que estaba en mi entrada. No le di importancia.

— ¿Qué pasa? – reiteré.

Alonso rodó los ojos. Fui hacia donde estaba, pero parado frente suyo. Miró hacia arriba, para encontrarse con mis ojos. Su cara estaba roja. No de vergüenza.

abreacción. - jnHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora