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Jos

Me removí un poco. Sentí un extraño calor invadir mi espacio personal. Abrí mis ojos suavemente. No podía hacerlo completamente. Mi vista era borrosa, casi nula. No hice el intento por aclararla. Me dolía la cabeza de una forma meramente torturadora. Estaba muy cansado, como si no hubiera dormido en toda la jodida noche. De repente, me dieron unas terribles ganas de vomitar. Era resaca. Me aguanté. Volví a dormir. No fue difícil hacerlo.

Después de un tiempo, que fue de gran ayuda, desperté de nuevo. Sentí que había pasado al menos una hora. Las fuertes molestias habían reducido su intensidad. Pero aún sentía el malestar. Y estaba mareado.

Puse atención al escenario. Era una habitación ajena.

Estaba semidesnudo.

Me estiré un poco, intentando recordar algo.

Volteé a mi izquierda, y estaba ahí.

Alan, de cuclillas, recargando su cabeza en la cama, mirándome.

Sonreí para mis adentros. Ojalá sea lo que estoy pensando.

—Hola – le dije.

—Levántate ya. – respondió. Esperaba un beso de buenos días.

Salí de la cama. Lo suficientemente brusco como para tener ganas de vomitar. Alan hizo una cara de susto que me dio gracia. Pero no podía reírme. Iba a...

— ¡La puerta de enfrente! – indicó Alan, y me dirigí hacia allá lo más rápido posible.

Cerré la puerta tras de mí. Después de hacer lo que tenía que, me miré en el espejo frente al lavabo. Estaba pálido, mis ojos rojos, la boca seca. Entonces una escena vino a mi mente.

Yo salía de la casa de la Universidad, con una botella en la mano, al patio trasero.

¿Qué?

Alan tocó la puerta.

— ¿Estás bien?

—Sí, gracias.

Mojé mi rostro con un poco de agua y enjuagué mi boca. Salí, mostrando una sonrisa.

—Jos, ¿quieres que te traiga alguna pastilla?

—¿Por qué estoy casi desnudo? – pregunté — ¿Tú... Tú me violaste?

Alan abrió los ojos más de lo normal y yo me reí. ¿Por qué se toma mis bromas tan en serio?

—No, no – negó. Estaba nervioso, me encanta. – Tú te la quitaste solo.

No le creí. Pero tampoco creo que él lo haya hecho. Debió ser otra razón.

—Ajá, de igual forma, no hubieras podido violarme.

— ¿Ah, no?

—No, porque estoy seguro que ni ebrio me negaría a... Ya sabes...

Me interrumpió.

— ¿Recuerdas algo de lo qué pasó anoche?

Otra imagen vino a mi mente.

Alonso en el jardín, preguntándome qué había pasado. Yo, negando con la cabeza y lágrimas en los ojos.

— Sólo pequeños fragmentos confusos. Sé que estuvimos en la habitación de arriba, y luego me fui. Bajé con Alonso y... Ahí se esfuma mi memoria. – mentí, había más. Pero no podía decirle nada hasta que recordara algo coherente y pudiera determinar si no había problema con que lo supiera.

abreacción. - jnHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora