Supuse que ya era casi la octogésima vez que me volvía hacia el reloj de la pared blanca detrás de mí. Tras cada sonido que las manecillas emitían al moverse parecía que la sensación áspera y agria de la desesperación en su máximo punto aumentaba, y me consumía entre más pensaba en ella. No tardó mucho tal sentimiento en convertirse en una maraña de decepción y desesperanza.
También me culpaba a mí mismo.
Jos dijo que volvería.
No lo hizo.
Al haber aceptado su propuesta de noviazgo, nos desgastamos los labios en besos y promesas bobas. Bobas para el gusto de cualquiera, por supuesto... En ese momento del día lo creía meramente adecuado y no me arrepentía de parecer un jodido enamorado diabético andante. Pero luego de dos horas de estar solo, podría empezar a creerlo bobo también. Después de bárbaro intercambio de saliva y cursilería cliché, apareció un inoportuno.
Alonso llamó a Jos.
Mi ahora novio se veía nervioso al colgar, podría decir que estaba asustado. Su cara palideció e incluso le pregunté si estaba bien; tan sólo negó y dijo que tenía que irse. Accedí porque me preocupó su estado, y creí sería importante.
"Será un rato nada más, arreglaré algo. Volveré y tendremos nuestra primera noche de novios".
Son las 12:30 de la noche y aún intento descifrar el significado de que no haya llegado todavía. De igual forma, intento descifrar cómo es que sigo esperándolo como una chica enloquecida. Y sé que no es egoísmo del todo, me importa y me angustia de cierta manera.
O quizá es sólo que lo quiero.
Hace cuatro horas repuse preparar una cena. Una cena para ambos, digo, ¿qué otra cosa hacen los novios su primera noche? Ni siquiera cocino a la perfección, pero hice el intento y recordé ciertos platillos que me comentó en algún momento que eran sus favoritos; los cociné. También me sentí seguro de que para cuando estuviera listo todo, él vendría. Vendría y comeríamos todo como unos adultos pretenciosos. Y nos besaríamos como unos pretenciosos. Y, posteriormente, follaríamos como unos pretenciosos.
Sin embargo, después de aproximadamente dos horas de su constante ausencia, adiviné que nada de eso iba a pasar. Por lo tanto, se hirió mi orgullo y regresé a la cocina, por vino.
Y esta vez no sería para ambos.
Sería sólo para mí.
Ni siquiera sentía un gusto preciso por el alcohol desde hace mucho. La última vez que tomé con frenesí fue hace dos años, aproximadamente. Prometí no hacerlo más por las consecuencias negativas incontables que sufrí gracias a eso. Pero era como si mi cuerpo y alma dolida me lo pidiesen, como si se gritaran entre sí hasta hacerme reaccionar.
Tras una serie de incontables tragos me volví un ser decrépito y débil con una buena cantidad de alcohol en el organismo. Me recosté sobre el sofá y vomité encima de mí. Y lloré: Pensé en lo decepcionado que hubiera estado Jos si llegare en ese momento y me viere de esa forma. Como miserable. Que no pone el mínimo esfuerzo en arreglar sus remordimientos y presunciones por sí mismo. Aun así, hubiera amado que hubiese llegado. Aunque quedara como un tonto frente a él, yo iba a estar cómodo con sólo tener la certeza de que volvió.
Pero no lo hizo.
Posterior a dichos acontecimientos, no recuerdo exactamente cómo llegué a donde estoy ahora. Hay una silla del comedor frente a la puerta, justo en el centro. Y yo estoy sentado en ella. Y la miro; la miro como si en ella se guardaran mis sueños. O más bien, como si fueren a venir hacia mí cuando alguien la toque.
ESTÁS LEYENDO
abreacción. - jn
Fanfictionabreacción: "descarga emocional por medio de la cual un individuo se libera del recuerdo de un acontecimiento traumático".
