Capítulo 12 | Oasis - Wonderwall

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Nninguno de los dos decía palabra alguna, caminábamos con la vista fija al frente intentando de esa forma hacer el camino más ameno, sin embargo el resultado era todo lo contrario: arduo y pesado. Nuestras miradas coincidían de vez en cuando, eso hacía la situación más tensa ya que ambos apartábamos lo más rápido posible la mirada. 

De pronto, mi móvil comenzó a sonar, lo saqué de mi bolso y vi el nombre de mi madre en la pantalla, me estaba llamando.

—Dime— dije atendiendo la llamada.

—¿Ya estás en casa de ese chico?

—Estamos llegando.

—Vale, ¿a qué hora te paso recogiendo?— Preguntó despreocupada, y eso me resultó bastante raro, a no ser que tenga planes para ella suele ser muy pesada en todo lo que a dejarme salir se refiere.

—¿Más o menos en tres horas? ¿Te parece bien?

—De acuerdo.

Observé a Liam haciendo gestos y señales, lo vi y me estaba indicando que en cuatro horas.

—Cuatro, cuatro horas— corregí. —Luego te mando la dirección en un mensaje, adiós.

La verdad, prefería estar solo tres horas, cuatro me resultaba excesivo, seguramente esa hora demás Liam la querrá emplear en desquiciarme. Le miré y suspiré, él sonrió ampliamente, nunca me había fijado en que tenía una sonrisa preciosa, cada vez que esbozaba una sonrisa sus ojos se volvían achinados y le hacían parecer incluso bueno.

—¿Qué miras?— añadió con una leve risa.

Volví a mirar al frente algo cortada, me quedé unos segundos pensando en qué responder.

—Nada— dije titubeando, acto seguido saqué de nuevo mi móvil y comencé a ver si tenía algún mensaje o algo que me mantuviese entretenida durante el trayecto, pero nada, así que me dediqué a pasar las ventanas de la pantalla de inicio, luego fisgoneé un poco las fotos de Instagram y revisé mis seguidores; 101.

Ya habíamos dejado el instituto bastante atrás, ahora nos comenzábamos a adentrar en una urbanización repleta de casas bastante vistosas; enormes ventanales, diseño muy moderno y los exteriores tenían jardines en abundancia. Las casas eran todas iguales, tenían forma cúbica, amontonando unos encima de otros, por el momento podía apreciar dos pisos con tonos blancos y grises, exceptuando una zona que se encontraba cubierta por madera bastante oscura.

—Es aquí— dijo señalando una de las casas que se encontraban a mi izquierda.

Llegamos a la puerta de madera, la cual poseía un portero con una cámara. Liam sacó sus llaves y abrió, pude ver el enorme jardín que había ahí presente. Varias tonalidades verdes invadieron mi campo de visión, también había muchas flores con colores muy exóticos.

—Son muy bonitas— dije señalando hacia las flores violetas que había en un pequeño terreno. Liam miró y frunció el ceño.

—Ah, son las mierdas con las que se entretiene mi madre.— Dijo en tono despectivo. Puse los ojos en blanco y le seguí hasta el interior de la enorme casa. Al entrar lo primero que vi fue un gigantesco recibidor; había una mesa blanca y con los cajones negros empotrada a la pared, daba la sensación de estar flotando. Un par de adornos se encontraban acomodados en la mesa, y por encima un gran espejo dividido en cuatro partes. Subí dos escalones para llegar al salón, en el cual se hacía prominente el color negro. Una enorme televisión, un sofá blanco situado en frente y delante una pequeña mesa de cristal negro.

—Mi cuarto está arriba— dijo Liam.

—¿Lo vamos a hacer en tu cuarto?

Liam intentó aguantar la risa, pero le resultó imposible y estalló en una gran carcajada. Me quedé mirándole aburrida hasta que por fin decidió callarse.

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