Capítulo 16 | Reflexión

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Por fin llegamos a casa, no me lo creía, desde que bajamos del taxi he tenido que cargar a Elizabeth para que no se callese de culo a la vez que escuchaba lo que me decía, no me molestaba en intentar entender sobre lo que hablaba, ya que parecía que tenía la lengua hinchada y del tamaño de una manzana; solo balbuceaba ladeando la cabeza descontroladamente.

Abrí la puerta de casa con la llave y llevé a Eli directa al baño, abrí el grifo y le eché agua fría en la nuca para intentar que se le bajase un poco el efecto del alcohol, luego la llevé a mi cuarto y la recosté sobre mi cama, en pocos segundos quedó profundamente dormida. Fui al baño con mucho cuidado de no hacer ruido y comencé a desmaquillarme y desarreglarme. Mientras tanto no dejaba de pensar en el beso con Liam, de hecho no había dejado de pensar en eso desde que ocurrió, era lo último que me esperaba que ocurriese hoy, aunque no me disgustó... en lo absoluto. Comencé a notar como una indiscreta sonrisa se hizo notar en mis labios. ¿Qué se supone que ocurrirá ahora? ¿Lo dejaremos pasar? ¿Será como si nunca hubiera pasado? Reconozco que me entusiasma la idea de que tal vez, y solo tal vez, quiera algo conmigo.

Me miré en el espejo algo disgustada, tenía el pelo hecho un asco, así que cogí un peine y comencé a desenredarlo, y me costaba bastante. De vez en cuando ponía una mueca a modo de queja, ya que los tirones me dolían bastante. Acto seguido cogí una camisa blanca y unos pantalones grises y fui directa a la cama, necesitaba descansar después de una noche como la de hoy.

                                                                                        ***

Noté como alguien me zarandeaba de un lado a otro y me impedía continuar durmiendo, abrí los ojos y vi a Elizabeth.

—Tía, ¿tienes algo de comer?— Preguntó tan tranquila, sin sentir ningún tipo de culpabilidad por haberme despertado.

—No, Eli, la nevera está de adorno— dije quitándome las sábanas de encima.

Elizabeth me siguió hasta la cocina, donde le abrí la nevera y dejé que se sirviese ella misma, estaba cansada hasta para siquiera volver a la cama. Me senté en una de las sillas del comedor, dónde me encontré unos tacones negros brillantes tirados, los cuales no eran míos.

—¿Son tuyos?— Pregunté a Elizabeth.

—No— dijo negando con la cabeza.

Suspiré profundamente, luego vi un vestido negro y blanco... de Chanel.

—Mi madre acaba de llegar— añadí resoplando al ver la hora, eran las nueve de la mañana.

—Vaya marcha lleva, ¿no?— Dijo Elizabeth masticando un trozo de su sandwich de jamón y queso.

—No lo sabes tú bien... Será mejor que recojamos mi habitación para que no quede rastro de la salida de anoche.

Al entrar a mi habitación lo primero que vimos fue un inmenso caos de zapatos y vestidos, bolsos y demás cosas que había que recoger inmediatamente, porque como mi madre tenga la más mínima sospecha de que salí de bares me veo sin salir dos meses. 

Cogimos los vestidos y los guardamos en mi armario, no sin antes rociarlos de perfume para disimular el olor a... lo que fuera que oliése. Luego reunimos los zapatos y los escondimos por debajo de la cama.

—¿No sería mejor recoger bien para que tu madre no se dé cuenta?— Preguntó  Elizabeth ordenando mi bolso de maquillaje.

—Ahora se trata de disimular, además, con la resaca que tendrá al levantarse, si se levanta, ni se acordará de quién soy— le respondí entre risas terminando de esconder todo.

Echamos un último vistazo y todo parecía en orden, como si ayer solo hubiésemos estado aquí hablando de tonterías, como de chicos y esas cosas. La verdad es que quería contarle a Eli lo que ocurrió ayer con Liam, pero por algún motivo creía que era algo que debía llevarme a la tumba, tal vez porque bajo toda esa ilusión motivada por aquel beso se encuentre la cruda realidad, y tal vez esa cruda realidad sea que él no quiera nada, que sencillamente le apeteció besarme y punto... ¡Y si de eso se trató estoy muy enfadada! Tengo que hablar con él, o no.. no lo sé, no sé que debo hacer. Miro a Elizabeth con indecisión y ella frunce el ceño.

—¿Pasa algo?— Dijo.

—No, bueno, no lo sé, tal vez.

Elizabeth se mostró más confusa aún, aunque no creo que tanto como yo, tenía la cabeza hecha un lío.

—Sea lo que sea si me lo cuentas te sentirás mejor. Prueba— añadió Eli sentándose en la cama e invitándome a que hablara con ella.

Creo que lo mejor que puedo hacer es pedir ayuda, ya que yo no tengo idea de lo qué hacer ni sé lo que quiero hacer, y tampoco sé lo que él quiere hacer ni por qué me besó. En resumen: no sé absolutamente nada.

Me senté al lado de Elizabeth y la miré un par de segundos tomando aire, luego la miré muy seria y confesé.

—Ayer Liam y yo nos besamos.

Nothing → l.pHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora