Está observando a los niños desde su puesto usual, calculando posibles escenarios. Todos terminan muy, muy mal, pero no puede evitarlo, tener la esperanza de que resulte, quizás el universo los ayudaría, podría sacar a estas armas peligrosas cubiertas de sangre y sudor, y permitirles ser niños.
Si, son niños. A pesar de que le explicaron meticulosamente quienes eran, que hacían allí y de lo que eran capaces, nada de eso triunfaba por sobre el hecho de que son niños que entraron ahí sin quererlo y no pueden huir.
Son mayores que él, sin embargo sus cuerpos y apariencia acusan su edad física y, probablemente, mental.
Ella tiene dos trenzas firmemente sujetas a su cabeza, cuidando que entre tanto ajetreo el cabello no sea un problema, tienes puesta una maya para hacer deporte, proporcional a su tamaño, y un chaleco que le quedaba grande. Cuando llegó llevaba sus zapatos de ballet rosa y rojo, y se tomó un segundo para evaluar el daño. Pudo ver las lesiones en sus pies, típicas de las bailarinas de ballet.
Él tiene el cabello negro y algo desordenada. Viste un pijama negro, lo trajeron directo de la cama, una chaqueta de paño azul y lleva calcetines, sus pies apenas enfundados en unas pantuflas que le quedan ligeramente grandes,- tal vez en el ajetreo de levantarse y llegar aquí a toda prisa se colocó las de la hermana.
Sus manos tienen diversas heridas y cicatrices. Tenía entendido que a él le enseñaba a boxear. También es prolijo con todo tipo de armas blancas, de ahí los cortes en su mano.
La niña definitivamente no estaba en su cama. De no saber lo contrario, diría que es una niña agotada que llega a casa después de una clase de ballet.
(Eventualmente preguntará por la diferencia, cómo ella estaba entrenando y él dormido. Le dicen que se preocupe en lo suyo. Una nota colocada en su bolsón explica que les queda tiempo con el niño, pero la niña ya se va y quieren perfeccionar todo para que el producto sea lo mejor y más perfecto)
(Él no sabrá ésto pero, en efecto, el producto es lo mejor, una cosa única cada cien años)
Ella es rusa, el trabajo será más difícil que con él.
Sus ojos ya tenían poco de esa chispa de curiosidad y decidió no pensar mucho en ello.
—Mi nombre es Dante Anderson. Tú eres Aleksandra Romanoff y tú, Nico Di Angelo, ¿No?
—Si,— Dijeron al uniso.
—Bien, ¿Saben para qué estoy aquí?
—Nos va a enseñar a golpear a alguien.
—No, no. Yo... No soy bueno con los golpes.
—¿Entonces? —Preguntó el niño. La curiosidad ahora sí apareció.
En ese tiempo aún podía aparecer, con los impulsos correctos. Lo habían destruido muy recientemente y con mucha suavidad, no costaba encontrar el cuerpo moribundo de lo que alguna vez fue su infancia e inocencia.
—Le vengo a enseñar a hablar como alguien de Estados Unidos.
—Ya sabemos hablar inglés,— La niña frunció el ceño. Eso no tenía lógica.
—Si, pero tienen acento de sus países de origen,— Se acomoda mejor los lentes.
En ese momento, Nico y Aleksandra no lo saben, pero acaban de conocer a su primer muerto.
Pero no fue como los otros.
El señor Anderson eran joven. Tenía 29 años y una hija de dos. Iba varias veces a la semana a enseñarles por 2 horas, en distintos horarios. Era la unica clase que les gustaba. No les dolía el cuerpo después, ni tenía sangre de otra gente en las manos, además era gentil incluso cuando se equivocaban.
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Green Eyes.
FanfictionOh, mi pequeña bailarina: Romperás mi corazón. Siempre tuyo, Nico Di Angelo. Basado en mi one-shot: "Little ballerina." Significado Aleksandra: La que es protectora.
