¿No se puede estar en paz?

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Estoy en mi habitación pesando y recordando tantas cosas que me vuelven loca. No puedo creer que me haya enamorado de Adam, y es que, aunque quiera no puedo seguir negando mis sentimientos. Odio sentir estas ganas inmensas de verlo, mi mente y mi corazón están compitiendo por decidir cuál será mi próximo acto.

Yo le dije a Adam que no quería hablar con él. Yo lo alejé, es ilógico que ahora sea yo la que lo quiere ir a buscar y lanzarme en sus brazos. Sí, no hay otra explicación lógica, estoy enamorada.

Lo que no comprendo es que por qué ahora vengo a darme cuenta de estos sentimientos. Siempre he sentido una pequeña atracción, pero yo misma quitaba de mi mente cualquier rastro de deseo hacia Adam, pues era mi mejor amigo. No podía pensar en que me gustaría besarlo o en cómo se estaba poniendo guapo, no, esos pensamientos eran ilógicos en una amistad.

Y ahora, cuando por fin acepto que ese chico me tiene loca, él se comporta como un extraño y pone en duda cualquier sentimiento. Recuerdo todos esos chistes malos que me contaba, los cuales daba más risa su cara que el propio chiste. También esos ojitos canela me encantaban cuando hacían esas miradas picaronas. Y esa sonrisa... Esa sonrisa que veía todos los días y me hipnotizaba...

Pero no, ese Adam que recuerdo es distinto al de ahora, sigue siendo encantador, pero ya no es mi amigo, ya no es tierno, ya no habla de Harry Potter, ya no hace locuras. En cambio, se comporta demasiado serio, ya no ríe, no habla y tan solo pensar que es de los chicos que están metiendo chicas a su cama me pone mal.

De repente un ruido me saca de mis recuerdos. Están tocando mi ventana y sin mirar ya sé quién es. No pienso, sino que actuó, e inmediatamente cierro mi puerta con seguro y corro a abrir mi ventana. Cuando él entra yo retrocedo.

—Me estas volviendo loco —su expresión es desesperada, está espelucado y no tiene zapatos. Tiene ropa de dormir. Debía estar durmiendo—. No puedo dormir, no puedo comer, no puedo si quiera pensar porque apareces en mi mente.

Da unos pasos hacia mí y yo retrocedo unos cuantos. Siento el corazón salirse de mi pecho, no sé por qué, pero el tenerlo aquí de esta manera me hace sentir débil cuando debo de ser fuerte. Adam vuelve a acercarse a mí y yo no retrocedo más. Sino que dejo que me abrace.

Mis brazos le corresponden el abrazo con fuerza y hundo mi rostro en su pecho. Lo odio, como lo odio por hacerme una idiota cuando está conmigo, lo odio por hacerme llorar, lo odio por no hablarme con sinceridad, lo odio por hacer que lo quiera, lo odio por...

El recuerdo de la chica en su habitación llega a mi mente sin pedir permiso. Me separo bruscamente de Adam y le doy un empujón. Siento mi cara arder de la rabia.

— ¿No deberías de estar con Rebeca? —le pregunto molesta.

Retrocede unos cuantos pasos y choca con mi mesita de noche. Su cara se torna pálida y siento que se va a desmayar en cualquier momento.

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