//TERMINADO//
Lena y Adam son mejores amigos desde que nacieron, pero un día Adam se aleja para regresar irreconocible.
Pronto, Lena se verá envuelta en una serie de mentiras y de secretos por parte de todos los que la rodean. Pero cuando intenta de...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Abro mis ojos lentamente, aunque siento una pesadez horrible, como si estos quisieran permanecer cerrados para siempre, y raramente los entiendo. Desde hace un tiempo solamente vivo experiencias horribles, cualquiera desearía dormirse y no despertar. Es la única manera para no sufrir.
La luz entra por las cortinas de Adam, me siento en la cama y miro a todos lados buscando a mi novio, pero no lo encuentro, como tampoco encuentro rastro de que haya pasado la noche acá. Intento recordar algún sonido o si me desperté en la noche por Adam, pero no hay nada, simplemente me quedé dormida y nada ni nadie me levantó.
Mi cabeza está que explota por tantos líos, me levanto y me dirijo al baño solo para echarme agua fría en el rostro para ver si se me quita esta pereza de seguir luchando. Evito mirarme a toda costa al espejo del baño porque no quiero ver las consecuencias de haber llorado sin parar ayer.
Decido salir de la habitación de Adam y buscarlo por la casa, cuando bajo las escaleras escucho un ruido proveniente de la cocina así que apresuro el paso, pero en vez de encontrarme a Adam me encuentro a mi madre y a mi psicóloga.
Ahora que lo pienso bien, Rita ha estado demasiado con nosotros, se ha hecho muy amiga de mi madre, más de lo que eran antes. Pero no pienso tanto en ello porque no está en mis prioridades.
—Hola dormilona —saluda Rita con una sonrisa.
Mi madre se voltea y me presta atención. Cuando nuestros ojos chocan ella deja lo que está haciendo y se acerca con rapidez a mí, solo para darme uno de esos abrazos reconfortantes que te dan ganas de seguir viviendo.
— ¿Cómo estas hija? —pregunta mientras me aprieta con más fuerza.
—Bien —mi voz es un susurro débil—. ¿Mi hermano? —digo despertando.
Mi madre se da una mirada larga con Rita antes de responderme.
—Tu padre lo está solucionando.
La mención de esa palabra hace que me estremezca. Me alejo con brusquedad de mi madre.
— ¿Le dejan la vida de mi hermano a ese hombre? —pregunto con repugnancia.
—Ese hombre independientemente de lo que haya hecho, sigue siendo tu padre y el de Julian —responde mi madre reprendiéndome. Me da la espalda y vuelve a la cocina—. Está haciendo todo lo posible para que tu hermano salga en unas semanas.
— ¡Semanas! —grito, no puedo ni imaginar a mi hermano durmiendo en ese sitio por más días—. ¡Tienen que sacarlo ya!
—Lena todo... —Rita intenta hablar, pero yo la interrumpo.
Me acerco a la mesa donde hay un jarrón y sin pensar lo estrello en el piso.