una verdadera cita

819 59 3
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Estamos en el auto dirigiéndonos a no sé a dónde. Adam me dijo que era una sorpresa así que no quise preguntarle al respecto. Así que aquí estamos, yo mirando por la ventana mientras el viento choca con mi rostro y me relaja, Adam solo conduce y de vez en cuando voltea a mirarme para sonreírme. Ninguno de los dos ha hablado desde que nos montamos en el auto y lo agradezco ya que así puedo concentrarme en mis pensamientos.

Me quedo claro lo de que Jeison era un maldito, pero no lo quiero pensar así, quiero recordarlo como alguien que quiso a mi mejor amiga y que la hizo feliz el tiempo que estuvo vivo. Últimamente ando con los sentimientos a flor de piel, tengo miedo a cada rato, lloro por cualquier cosa, y cuando me enojo debo decir que pobre el que esté cerca mío. Pero bueno, creo que algo debía de cambiar. Estaba acostumbrada a un tipo de vida diferente, en la que mi familia era feliz, al menos superficialmente, al menos para mí y podía salir con mi mejor amigo a todas horas, por lo único que me preocupaba era por cómo conseguir dinero para salir. Pero eso ya no importa, me he propuesto a mí misma dejar de pensar en el pasado, eso solo me atormenta y me hiere, ya lo que pasó, pasó, lo importante es vivir en el presente e intentar mejorar todo para al menos tener un futuro tranquilo. Porque sé que estos problemas pasarán, algún día tendré que crecer y conformar mi propia familia, en ese momento tendré otras preocupaciones, hasta quizás logre ser tan feliz que ni recuerde todo esto.

—Me preocupa cuando piensas —dice Adam en un tono apagado, cierro la ventana y pongo mi atención en él—. Siempre que te pregunto qué piensas, me respondes cosas nada agradables.

—Esta vez no es así —suspiro—. Estoy pensando en el futuro, ya sabes. Cuando todo esto pasé, cuando conforme una familia y tenga mis hijos...

—Y un esposo —me interrumpe—. ¿Ya has pensado en candidatos? —ríe.

—Tengo unos cuantos —digo en tono burlón, el abre los ojos exageradamente—. Pero el principal eres tú.

—Somos muy jóvenes para pensar en matrimonios, hijos y esas cosas. Lena, mejor piensa en futuros más cercanos.

—Todos los cercanos están manchados, no creo que el problemón en que estamos acabe pronto.

—Pero me refiero a que pienses en la universidad, digo, vamos para último año y luego nos graduaremos. ¿Ya sabes que estudiaras?

—No.

—¿Ya sabes dónde estudiaras? ¿Qué te pondrás para la fiesta de graduación? ¿Con quién iras?

—No, no —rio—, y si, iré contigo, eso es lo seguro.

—No hay nada seguro —su voz es seria con un tinte de diversión que no llega a convencerme.

—Lo sé —resoplo—. Pero quiero pensar libremente en lo que quiera —no quería que mi voz saliera tan dura, pero así suena.

Continuamos en silencio un par de horas hasta que mi estomago gruñe, me está pidiendo comida. Al ver el reloj son la 1.00 pm, hemos durado casi tres horas en el auto y no me había dado ni cuenta.

No quiero perderteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora