Nuestro plan

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Después de decidir dejar el auto en el garaje de la casa de Monica, los cuatro tomamos un taxi

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Después de decidir dejar el auto en el garaje de la casa de Monica, los cuatro tomamos un taxi. Monica necesita estar cerca de la casa para tener mejor señal, no sé cómo funciona lo que va a hacer, pero decido no preguntar porque algo me dice que fue Jeison quien le enseñó.

Ella y Julian no se han dirigido ni una mirada, y lo entiendo. Ella sigue sintiendo un poco de resentimiento, pues es verdad, aunque no fuera intencional, mi hermano le quitó la vida a alguien. Eso no es algo que no ignoraré, pero tampoco se lo recordaré a mi hermano a cada rato, él ya tiene suficiente infierno con el que lidiar.

—Creo que es mejor que nos bajemos aquí —Monica empieza a ver por la ventana y su semblante se vuelve inexpresivo—. No quiero que ningún hijo de puta que ande con Sebastian nos vea. Arruinaría todo.

Pego un saltito en mi silla al escuchar esa palabra proveniente de la boca de mi mejor amiga, lo peor es que está cargada de un odio que parece que supera al mío.

Mi hermano le dice al taxista donde parar y todos nos bajamos del auto a unas dos cuadras antes de llegar a nuestro destino, mi hermano paga.

Cuando todos estamos en el andén, Monica camina metiéndose en un callejón, Rebeca y yo compartimos una mirada de «A donde rayos va» Pero la rompemos cuando vemos a Julian seguirla con tanta confianza. Monica termina sentándose en el suelo como a mitad de callejón y todos nosotros nos sentamos rodeándola, ya entiendo, quería esconderse más.

Monica saca de la maleta que trae un computador Mac pequeño y empieza a conectar unos cables, ninguno se atreve a interrumpirla y menos viéndola tan concentrada.

—Gracias a mi ex me enteré de que la casa está rodeada de cámaras, estas están conectadas directamente a una nube, me imagino que saben que es eso —explica mientras teclea como una profesional—. No necesito hackear a la fuerza nada, a menos que no hayan cambiado la clave. Jeison era el que se encargaba de la informática en el grupo, ese era su fuerte y su pasión —traga grueso y su voz empieza a escucharse cada vez menos—. Solo necesito conectarme cerca para tener mejor señal. Les advierto, las copias de seguridad se guardan cada media hora. A las en punto y a las y media. En tres minutos serán las 12.00 del medio día y podre revisar la copia más reciente —suelta el computador y nos mira.

—Entonces sabremos si Adam está en la casa... pero... ¿Cómo lo sacaremos? —hago la pregunta más importante.

—Cuando sepamos donde esta Adam, lo primero es vigilar que no lo saquen y saber cuántas personas hay en la casa—habla mi hermano—. No podemos hacerlo a plena luz del día, tenemos que esperar que anochezca para al menos tener una oportunidad.

—La casa tiene alarmas —interrumpe Rebeca—. Y estoy segura de que también van a usar las cámaras en contra, pueden decir que secuestramos a Adam y las cámaras verificarían su versión.

—Y no tenemos armas, ni acción sorpresa —le completa mi hermano.

— ¿Monica puedes desactivar las cámaras? —le pregunto.

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