Abrí los ojos y lo primero que vi fue el cielo repleto de estrellas. ¿Qué hora era? ¿Dónde estaba? ¿Por qué hacía tanto frío? Tenía todas esas dudas pero se aclararon en cuanto vi el maldito sobre que Melody me había regalado. Jesús, odiaba la marihuana pero me estaba haciendo adicto. Realmente me ayudaba a dejar de pensar en los problemas y a vivir un rato de paz...bueno, si ver todo negro abismal y sentirse solo se pudiera decir paz.
Me levanté del suelo y me sacudí la tierra que tenía. Me balanceé de un lado a otro intentando no caerme al suelo. En eso, mi celular comenzó a vibrar y lo saqué de mi bolsa trasera del pantalón. Batallé para darle a la tecla de contestar, pues de nuevo, veía doble.
-¿Sí, diga? -contesté con voz de borracho.
-Isaí, santo cielo -berreó Pamela -¿Dónde estás? ¡¡Quieres dejar de esconderte por una maldita vez en tu vida!!
-Y tú quieres dejar de gritar -respondí gritando como ella -cielos, gritas muchísimo y esté dónde esté, no es tu asunto.
En eso, me recordé de la noticia que Melody había dicho de Pamela. Mi estómago se revolvió al pensar en que ella ya sería madre y aún peor, que el padre sería Kian. Ese chico, por muchas maravillas que Pamela hablaba, no me caía del todo bien. Pero ese no era mi problema, tenía que enfocarme en llegar a la casa sano y salvo.
-¿Estás borracho? -preguntó un vagabundo espantándome.
-Qué te importa -respondí con rudeza.
-Oh no, desde acá puedo oler la marihuana -se río.
Se acercó a mí y me tendió una rama con algunas hojas de algún árbol que no me interesaba.
-Hazte un té de esto y te quitará los efectos dolorosos de la droga.
-¿Qué es? -pregunté y comenzó a explicarme la historia de ese té, así que mejor lo callé con un ademan de mano -¿Me servirá?
-Por supuesto que sí. Ese té te ayudará a que te sientas mejor en más rápido tiempo que lo normal -sonrió mostrando su amarillenta dentadura -Saber esto te puede ayudar para cuando vuelvas a drogarte o alguno de tus amigos lo esté.
Nunca en mi vida necesitaría de esa planta, pues de seguro yo era el único que se drogaba. Dudaba que hubiera alguien tan enfermo para drogar a alguno de mis conocidos como Pamela, mi papá, mis hermanos o inclusive a Sarahí...Sarahí...
-Ah sí, me tengo que ir, gracias por la información -le arrebaté la rama y me fui caminando de lado a lado en dirección a mi casa.
La planta olía tan peculiar que de seguro, en mi vida olvidaría su olor. Quizá algún día necesitaría de esa planta para poder ayudar a quien sea. Solo pedía que no las necesitara para las personas más importantes en mi vida.
✡
Llegué a mi casa como en media hora, evitando las mil llamadas de Pamela y lo primero que olí al entrar fue alcohol. Una parte de mí tuvo náuseas pero otra parte, salivó por un trago. Como no tenía nada que perder (bueno, quizá mi hígado) fui por un trago para poder relajarme un rato.
Entré en la cocina y en una cacerola dejé haciendo el té para que me dejara de sentir tan en el espacio. Me serví un vaso de Whisky y me dirigí al cuarto de mi padre para verificar que se encontraba con vida. Dios, si caminar en la calle era difícil, subir las escaleras era misión imposible.
-Papá -dije como media hora después de subir las escaleras.
-En mi cuarto -dijo con voz que no se escucharía si hubiera el ruidajal que normalmente había. Ahora no se escuchaba nada y era un poco tenebroso.
Entré al cuarto de mi padre y lo vi acostado en la cama con mil pañuelos tirados en el suelo. Él apestaba más a alcohol que el mismo alcohol.
-¿Estás bien? -pregunté con voz suave.
-Sí...solo tengo que adaptarme a lo que acaba de pasar y creéme que todo estará bien -dijo moqueando.
-Está bien...
-¿Tú lo sabías? -preguntó mi papá aleatoriamente.
-¿Disculpa?
-¿Tú sabías que Melody Woolf nos iba a donar medio millón de dólares? -preguntó y yo me quedé sin respiración.
¿Que Melody qué?
-¿Me...Melody? -pregunté aturdido.
-Sí. Nos donó medio millón de dólares para que podamos viajar, comprar algo o no sé, hacer algo con ese dinero -dijo mi papá claramente ya no tan triste como antes.
-No lo sabía.
-Realmente yo no tengo ganas de salir por ahora -dijo y se sonó en un pañuelo -pero si tú, tus hermanos, tus tíos y tus primos quieren hacer algo, adelante.
-No papá, hasta que todos estemos estables haremos algo -dije sin poder creer lo que me había dicho.
Melody entonces no era mala...quizá se comportó así con Pamela porque tenían algún problema o algo así. Ahora me sentí culpable por haber huido de ella.
-¿Te gustaría ir a visitar a Sarahí? -preguntó mi papá y mi vaso de whisky se resbaló de mi mano.
Por supuesto que no quería ir a ver a Sarahí. Mi corazón pedía a gritos que sí, que lo hiciera...pero mi conciencia estaba tan sucia que no podría hacerlo y menos con lo mal que me he comportado en los últimos días. No me gustaría decirle que ya perdí mi virginidad más de mil veces con Melody, que ya me drogué, ya me emborraché y que probablemente se adicto a todo eso. No podría verla.
-No, no quiero verla -dije con mucha dificultad.
-¿Por qué no? Se veía buena chica y la forma en la que la mirabas...pensé que era muy especial para ti.
-Simplemente no quiero -empecé a alzar la voz -ya tengo a Melody, ¿para qué quiero a otra? Con Sarahí no podríamos tener el dinero que tendríamos ahora gracias a mi espectacular novia. No necesito verla y creo que jamás volveré a verla -mentí. Me comenzó a arder la garganta...¿acaso había estado gritando?
-Está bien, solo era una pregunta -respondió mi papá con tono de voz para calmarme.
-Pues no la vuelvas a hacer -dije y salí de su cuarto para ir a la cocina por mi té.
En cuanto bajé el último escalón, me eché a llorar de nuevo. Realmente sí necesitaba a Sarahí y me hubiera encantado volver a verla...pero no estaba en mi mejor versión y no estaba preparado para que me viera. Quizá después, cuando dejara de llorar, cuando dejara de despertarme sin saber que había ocurrido horas atrás, cuando dejara de estar tan necesitado de Melody a todas horas...no, definitivamente no podía verme así y por tanto, me eché nuevamente a llorar, preguntándome cuándo podré volverla de nuevo.
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De virgen A erótico
Ficção AdolescenteÉl era lindo, callado, cariñoso y único en su especie. Él, era la imagen perfecta de la ternura, inocencia e incredulidad. Él, no le hacía daño ni siquiera al polvo que volaba entre los aires. Su único amigo era el televisor y sus mejores amigos, lo...
